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Sábados con LA INMACULADA: crónica

Sábados con La Inmaculada

Una iniciativa de Nueva Evangelización

La Milicia de la Inmaculada, movimiento mariano-misionero fundado por San Maximiliano María Kolbe, ha organizado en Madrid los "Sábados con la Inmaculada": una propuesta con el fin de llevar a Cristo a quienes están alejados de Él o aún no le conocen. Todos sabemos que a San Maximiliano Kolbe le movió un gran celo apostólico, que tenía una fe ciega en que de la mano de la Virgen María se va haciendo realidad la propia conversión y la conversión de más almas a Cristo: le avalaba su propia experiencia personal y la gran tradición de la Iglesia y de la Orden Franciscana.

Pues bien, desde estos presupuestos, la Milicia de la Inmaculada, ante la constatación de que en casi todas la iglesias y parroquias los jóvenes son muy escasos, ha decidido salir a la calle, concretamente a las bocas de algunas de las más concurridas estaciones del Metro de Madrid, para invitar a los viandantes a acudir a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, encomendada a los Franciscanos Conventuales, y participar en los "Sábados con la Inmaculada".

Sábado con La Inmaculada

Este sábado, 14 de mayo de 2011, a las 18:30, en la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Madrid, la Milicia de la Inmaculada ofrece un espacio de escucha, diálogo y oración, especialmente pensado para persona que quieran encontrarse con Jesucristo ayudados por La Inmaculada Madre de Dios y Madre nuestra. Mira cómo reza la invitación que se va a distribuir en algunas de las bocas más frecuentadas del Metro de Madrid:

Mes de mayo, mes de María

Ya llega el mes de Mayo, el mes consagrado a María Inmaculada. Ya huele  en la calle a rosas y azucenas y todas las flores cantan a la Virgen. Todos sabemos que es un mes especial en el que nuestro amor a María adquiere connotaciones nuevas, más amorosas para nuestra Madre Inmaculada, inundado nuestro corazón, en Plena Pascua de Resurrección, con las palabras de Jesús en la cruz: "Hijo: ahí tienes a tu Madre".

Que nuestro primer pensamiento sea para “María”

 

Cuando en el amanecer de un nuevo día abrimos los ojos a la luz, que nuestro primer pensamiento sea para "María", y un poquito más espabilados, aunque todavía refugiados en el calorcito de las sábanas, los labios digan con paz y suavidad, lo que podríamos decir es nuestro himno de gloria: ¡Oh María!, sin pecado concebida ruega por nosotros que recurrimos a Ti y por cuantos a Ti no recurren, en particular por los alejados de la Iglesia y por cuantos te son encomendados.

 Y si a lo largo del día nos encontramos cansados, o nos golpea la cruz y se nos clavan las espinas de la vida al ver el dolor y la necesidad de nuestros hermanos y nos duele el alma, que el corazón proclame en silencio profundo:¡Oh, María! sin pecado concebida...

 Necesitamos acudir a Ti, Virgen Inmaculada, Madre del Señor, donde Dios derramó su Amor, su Espíritu Santo en plenitud; Madre de todos nosotros, porque solo tu nombre, MARÍA, ya sabe a suave y gozoso amanecer.

Que nuestra oración breve, limpia y clara, se repita y multiplique como un cielo sembrado de millones de estrellas: ¡Oh María! sin pecado concebida...

 (Palabras de D. Ángel Fuertemoreno en la reunión del Grupo de la Milicia de la Inmaculada de la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Madrid el 11 de abril de 2011)

El imprescindible testimonio de la vida

María, nuestra Madre siempre Inmaculada, nos enseña y nos pide que, como Ella, concedamos más importancia a la santidad y al testimonio de vida que a la selección de libros, oraciones o actos de liturgia; aunque nunca deberemos renunciar a ellos, pues son una fuente de ayuda extraordinaria.

El Misterio de la Encarnación

El día 25 marzo conmemoramos en la Iglesia Católica el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Y hemos de admitir que a nuestra razón, puramente humana, le parece absurdo. El Misterio de la Encarnación, realizado por obra y gracia del Espíritu Santo, hace que la Virgen, en ese mismo instante, siendo Virgen, se sienta Madre. Ciertamente que el corazón de sus fieles lo asume sin reservas sintonizando perfectamente con nuestra fe. Y el mismo Espíritu ilumina nuestra alma  para descubrir el amor infinito de Dios que se nos da en María y que María asume como Madre de todos los hombres, refrendado por el mismo Jesucristo, ya clavado en la cruz, cuando dirigiéndose a Ella y señalando a San Juan y en él a toda la humanidad, le dijo: " Mujer, ahí tienes a tu hijo".

A ti , Virgen Inmaculada

 

  El ser humano divide muy implícitamente a los hombres y mujeres en dos categorías: buenos y malos. Sin embargo, frecuentemente, unos y otros hacen y padecen las mismas cosas. Por ello, no debemos considerar sus acciones y sufrimientos como distintivos de unos y de otros, sino el motivo por el que obraron y sufrieron.

 Creo que todas nuestras obras serán más puras y agradables a Dios siempre que procedan y vayan acompañadas de la sencillez del corazón. No nos detengamos, pues, solamente en lo que hacemos, hemos de atender muy seriamente al espíritu e intención que nos motiva a obrar rectamente.

 Nos encomendamos a ti, Virgen Inmaculada, nos postramos a tus plantas y abrazados a tus pies no nos separaremos de ti. Te pedimos y rogamos que fortalezcas nuestra fragilidad; la perseverancia en tu amor. Y ciertamente la conseguiremos pues con toda confianza te la pedimos. Que no caiga de nuestros labios tu nombre, MARIA, que claro indicio es de que a nuestro lado estas y atiendes a tus hijos en medio de los peligros del mundo. Danos energía para escapar de una vida rutinaria y mortecina.

(Palabras de D. Ángel Fuertemoreno en el grupo de la Milicia de la Inmaculada de la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario de Madrid) 

San José y los Franciscanos

En las Constituciones de nuestra Orden de los Franciscanos Conventuales, se lee: "Los frailes veneren e imiten a San José, patrono de la Orden y admirable ejemplo de vida religiosa" (81,3). La devoción de la Orden a San José, custodio de Jesús, Verbo encarnado, está documentada desde 1399. En ese año la fiesta fue introducida en el Breviario Franciscano. Casi un siglo después, el Papa franciscano Sixto IV instituyó esta fiesta para toda la Iglesia. Después, tras la fuerte divulgación por la predicación de San Bernardino de Siena (+1444), también él franciscano. Todavía hoy la lectura propia del Oficio de Lecturas propio del Santo en el breviario romano, que reza tanto el clero secular como regular de todo el mundo.
Más tarde, en el Capítulo General de 1741, san José fue proclamado patrón de la Familia Franciscana de los frailes Menores Conventuales.¡San José, esposo de la Virgen María, padre adoptivo del Salvador, ruega por nosotros y ayúdanos a ser santos como tú eres santo!