Noviembre 2016: intención de oración y comentario del Centro Internacional de la Milicia de la Inmaculada

INTENCIÓN DE NOVIEMBRE

Que también en los momentos de oscuridad y de incertidumbre sepamos invocar el amor misericordioso de Dios.
 
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San Maximiliano experimenta momentos de prueba y de  oscuridad, que son para él de gran purificación, típico de la experiencia mística. Esto ocurre principalmente durante las dos internaciones  del Padre Kolbe en el sanatorio de Zakopane debido a la tuberculosis (11 de agosto de 1920 - 29 de abril de 1921. 18 de septiembre de 1926 - 13 de abril de 1927). Se ve obligado a vivir afuera de la casa religiosa para el tratamiento: joven y buen sacerdote experimenta un momento muy difícil de prueba. Se  consagró a la Inmaculada, ofreció su disponibilidad para evangelizar, pero debe permanecer quieto. Acoge pacientemente este sufrimiento ofreciéndolo a Dios con amor.
 
Este es un momento crucial para Maximiliano: después del  alejamiento forzado desarrolla el extraordinario apostolado que ha hecho célebre al Santo polaco. Vive la cruz con abandono confiado en la voluntad divina, realizando todo para la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas, y  ofreciendo su dolor físico y espiritual. Las internaciones  en Zakopane, con la duda sobre su supervivencia, son motivo de un sano y espiritual "desprendimiento" de su apostolado, que desempeña principalmente como periodista y animador de la comunidad religiosa. Es un exilio muy doloroso, una fuerte purificación de los grandes dones de Dios,  y es preludio de su futuro incisivo e incansable apostolado.
 
El mártir polaco tiene que luchar constantemente con su salud. En Polonia y en Japón tiene la carga de una condición delicada de salud, pero con mucha paciencia acepta todo confiándose con mucha disponibilidad al Corazón de la Inmaculada. Es la confianza del niño que pone toda esperanza y expectativa en el Señor. Él confía totalmente en Dios cuando, para el nacimiento y el desarrollo de la misión japonesa, surgen dificultades de naturaleza jurídica y económica: también en esta circunstancia. De gran importancia es el siguiente pasaje: "Las dificultades aquí son muy numerosas, incluso de parte de los sacerdotes (como, de hecho sucedió en  Polonia). El obispo de Tokio me hizo grandes  reproches sobre el Kishi, dándome a entender cómo allí en la capital hay muchas prevenciones contra nosotros. A veces, incluso se contradecía; evidentemente presentó  argumentos que no eran suyos. Pero quedó impactado ante los casos de conversiones. Las conversiones no cesan; justamente el domingo pasado se presentó  una mujer pagana con un sacerdote para agradecernos por su conversión. Tiempo atrás nos escribió que tenía la intención de convertirse" (EK 336).
 
En esta carta de San Maximiliano es visible su sufrimiento por las dificultades encontradas en la tierra japonesa, y también su significativo espíritu de ofrecimiento a Dios, y su gran celo misionero, con lo cual  logra suscitar muchas conversiones. Las expresiones del Padre Kolbe muestran una gran capacidad de abandono en la Providencia de Dios y en la mediación maternal de María. La práctica de la ascesis es decisiva, como también la oración por el éxito de la actividad apostólica. En el período de su presencia en Japón, el mártir  enfrenta momentos muy delicados, en los cuales  está llamado a ejercer mucha paciencia y humildad en relación con  los hermanos que no comparten sus métodos o están en crisis vocacional.  El sufrimiento es grande,  y  grande es su confianza en el Señor y en la Inmaculada:  ascesis y  confianza son fundamentales para que la misión dé fruto, y para que se arraigue de la mejor manera. Él demuestra que es un auténtico Hermano menor y penitente porque pone todas las realidades en manos del Altísimo,  anonadándose a sí mismo y  aceptando  la adversidad. Este testimonio hace que el apostolado sea más valioso y eficaz: se caracteriza por la cruz. Incluso en las más dolorosas circunstancias el Padre Kolbe no se rinde y  trabaja por su fraternidad,  y comparte con los Hermanos el trabajo en tierra de misión. La oración,  el rosario en particular, le permite obtener del Señor fuerza y ​​perseverancia, incluso en la oscuridad y en la más grande fatiga: "En los corazones afligidos se derrama un bálsamo de consuelo, en las almas desesperadas despunta un nuevo rayo de esperanza. Los pobres, los afligidos, quienes están agobiados  bajo el peso de las preocupaciones, de las tribulaciones y de las cruces se sienten cada vez más clara y concretamente que no son huérfanos, que tienen una Madre que conoce sus dolores, tiene compasión, los consuela y los ayuda. Ellos sienten que tienen que sufrir un poco más, pero que luego llegará una recompensa, la recompensa eterna, infinita; de hecho sienten que hasta vale la pena sufrir en esta breve vida, para borrar las culpas cometidas y para dar prueba de su amor a Dios;  comprenden que en el sufrimiento el alma se purifica como el oro en el fuego, se separa de las ilusiones pasajeras que el mundo llama felicidad, y se eleva cada vez más alto, infinitamente más alto, hasta la fuente de toda felicidad, hasta Dios. Se dan cuenta de que sólo en Él el alma pueda descansar, mientras que todo lo demás es muy poco" (EK 1102).
 
Para la reflexión
 
Medita en el siguiente pasaje de San Maximiliano:

«Trata de recurrir a Ella, como un niño a su querida y buena Madre, también invocándola con su santo nombre "María", con los labios o con el corazón, en las dificultades de la vida, en las oscuridades y en las  debilidades espirituales, y tú mismo te convencerás cuán potente es María y quién es su Hijo, Jesucristo» (EK 1181).