Escritos de San Maximiliano 5

“Dejémonos conducir por Ella, sea a lo largo de una calle bien asfaltada y cómoda, o sea por otra escabrosa y difícil. Es suficiente un solo acto de amor –amor que procede no del sentimiento, sino de la voluntad, es decir, como acto de obediencia religiosa- para que una caída se transforme en un beneficio aún mayor. Las caídas nos enseñan a no confiar en nosotros mismos, sino a poner toda nuestra confianza en el amor de Dios, en manos de la Inmaculada, Mediadora de todas las gracias” (EK 937)