La virtud de la humildad

La virtud de la humildad, desempeña un gran papel en la vida del hombre, y sin ella, todos se convierten en instrumentos muertos en manos del amor propio. La humildad eleva al hombre hacia alturas cada vez más elevadas a las que Dios le destinó en sus designios eternos. Con la humildad vencemos todas las tentaciones que aparecen a diario hasta en los actos más insignificantes. Cuando la suerte acompaña en todo momento, suele aparecer con frecuencia, incluso en contra de la voluntad, una idea de soberbia llena de amor propio que exige alabanzas. Entonces, si estamos ejercitados en la humildad sabremos superar esos pensamientos malévolos, pero si la humildad nos es extraña, fácilmente caeremos en las tentaciones, hundiéndonos cada vez más en el abismo de los pecados, que nos hacen a su vez, desviarnos cada vez más del camino correcto. La humildad es un ideal y más allá de sus límites todo está muerto para Dios. Todos los actos, aunque aporten incalculables provechos al género humano, si tuvieron como motivación el amor propio son de por sí vanos ante el Señor y no aportarán ningún mérito. (San Maximiliano Mª Kolbe)