Ahí tienes a tu Madre

"Queridísimos hijos, cómo desearía decirles, repetirles lo buena que es la Inmaculada, para poder alejar para siempre de sus pequeños corazones la tristeza, el desaliento interior, el abatimiento. La sola invocación "María", acaso con el ánimo sumergido en las tinieblas, en las arideces y hasta en la desgracia del pecado, ¡qué eco produce en su Corazón! Y cuanto más infeliz es el alma, hundida en sus pecados, tanto más este Refugio de los pobres pecadores como nosotros, la rodea de cariñosa y solícita protección". EK 509.

Protección de madre, atenta, providente, amorosa, cómplice, sufrida, humilde, confiada. ¿Nosotros? Unos trastos. San Maximiliano María nos habla de la Virgen como Aquella a la que podemos dirigirnos en cualquier situación dura, breve o dilatada en el tiempo: tristeza, aridez, tinieblas o pecado. Porque no sólo caemos en el pecado por debilidad, también lo hacemos con plena consciencia y voluntad. Y cómo nos duele luego, ¿verdad? Pues incluso en esos momentos, cuando nos da vergüenza dirigirnos a Dios directamente, pedirle perdón, antes de confesarnos con un sacerdote, nos dirigimos a nuestra Madre del Cielo y le pedimos que interceda por nosotros, que nos acompañe. Y Ella nos acompaña, con ella andamos por el camino más hacedero hacia el perdón y la santidad.

En todas las circunstancias acudamos a Ella y recordemos las palabras de Cristo en la cruz. Como canta la hermana Glenda, si no queda vino en tu vida hoy, si sólo hay tinajas, pero no hay amor, si no hay Pentecostés en tu corazón, si la cruz te pesa para caminar... ahí tienes a tu Madre.

Isael.