María, puente hacia Jesús

"Jesús se va para predicar, mientras Ella se queda en su pequeña casa, preocupada por su destino. El arresto de Jesús, su pasión y el camino hacia el Calvario. María reaparece y acompaña a Jesús al lugar de la ejecución, está junto a Él en el momento de su muerte y estrecha contra su pecho su cuerpo helado, bajado de la Cruz. (...)

La santa tradición nos habla de Ella más profusamente. Otras cosas fueron añadidas por algunos corazones amantes, y muchos detalles podemos deducirlos también de revelaciones privadas" (EK 1312).

El afán de saber que tenemos los cristianos sobre todo lo referente a la vida de Jesús es grandísimo; tanto, que en nuestra pía curiosidad a veces no nos basta lo que dicen los Evangelios para quedarnos satisfechos, y eso que con el Evangelio no se necesita más. Aún así, Dios Padre Providente sabe de nuestra curiosidad y, para consuelo de las almas, da a algunos místicos visiones sobre las vidas de Cristo, la Virgen y San José, no incluidas en la Sagrada Escritura.

Pero, cuando no había tales consuelos, ya la Iglesia daba una respuesta a las preguntas de los fieles. ¿Qué ocurre entre el Viernes Santo, muerte de Nuestro Señor, y el Domingo, día de Su Resurrección? ¿Quién protagoniza ese día sábado?

Cuando han apresado y dado muerte al Pastor, el rebaño se dispersa, y las ovejas se esconden asustadas. La pasión del Maestro ha sido tan estremecedora, los hechos tan traumáticos, la caza tan sorpresiva, la traición tan inopinada, que poco tiempo les queda para meditar, siquiera para recordar las palabras de Jesús sobre su resurrección al tercer día. Y, si las recuerdan, no se las acaban de creer: santo Tomás es el ejemplo.

Pero no todos actúan así. La Virgen no se esconde. Sufre con Él los latigazos del sayón, las burlas de los soldados, las heridas de la corona, las caídas por la debilidad y el peso de la cruz, el taladro de las manos y los pies, la sed, el sentimiento de abandono de Dios, y finalmente, Su muerte. Tras ésta, es a María a quien le duele la lanzada en el costado, porque su Hijo ya no puede padecerla. Simeón se lo advirtió 33 años atrás.

El Sábado Santo, entre la muerte de Cristo y Su Resurrección, es María quien mantiene, dolorosa, la Esperanza de lo que ocurrirá el día siguiente. No hay dolor comparado con el suyo en toda la tierra, y sin embargo confía, sabe, espera, que su Hijo resucitará como había predicho. Ella es la protagonista del Sábado de Pascua, y así como todos los domingos se rememora el día en que Cristo venció a la muerte, y es llamado Día del Señor, el sábado se celebra la esperanza contra toda esperanza, el puente hacia el día de Jesús, la puerta hacia el domingo sin ocaso. Bien merece el sábado ser el día de la Virgen María, que nos dice: "Tranquilos y confiad como hice yo; permaneced conmigo y yo os llevaré a Él". Ad Iesum per Mariam.

(Comentario de Isael Pla Martorell)