Ella nos ha consquistado y no nos dejará

"Impenetrables son los admirables caminos de la Divina Providencia y su acción en las almas por medio de la Inmaculada. Ella entra en un alma mediante una inspiración interior o sirviéndose del ambiente. Y cuando logra entrar, o las puertas del alma se entreabren al menos un poco, Ella penetra en el interior de la casa, la purifica de pecados y defectos, la adorna de virtudes y la conduce por el camino de un amor ardiente" EK 1170.

Suelo hablar bastante de la angustia, de la falta de paz, del desasosiego, que puede tener causas varias: agobios del día a día, incertidumbre sobre el futuro, las obligaciones y afanes del mundo en general. Y siempre hallo el descanso en Dios y en María Santísima.

Una de las razones por las que suelo perder la paz es por no saber qué quiere Dios de mí; o por tener miedo a lo que Él pueda pedirme; pero sobre todo, por exigirme mucho en mi trato con Dios, por encima de mis fuerzas, es más contando sólo con mis fuerzas. En esas cavilaciones estaba un día, cuando de lo alto me vino el consuelo en forma de una idea, de una imagen, que comparto con vosotros:

Dios y María se han hecho presentes en nuestra vida de manera ¿cómo decirlo? ¿Evidente? ¿Palpable? Sí, esas son las palabras más adecuadas. Para unos, desde siempre; para otros, desde hace poco. ¿Y vamos a ser nosotros los que nos dirijamos hacia donde creemos que tenemos que ir, o hacia donde creemos que ellos quieren que vayamos? En ello puede haber mucho fervor, y de hecho lo hay. Muchas ganas de hacer cosas, sí, muchas y buenas, algo encomiable... pero se puede caer, si no se ha caído ya, en desconfianza hacia la Providencia.

Somos conscientes de que Nuestra Señora, sobre todo a los miembros de Su Milicia, se ha hecho presente, como decía. Es más, ha ganado y gobierna nuestro corazón. ¿Y cómo puede ser que ahora sea suyo? ¿Se lo hemos entregado? ¡¿Nosotros?! ¡Quizás! Sencillamente lo ha tomado como antes se tomaban los bienes enemigos en las guerras: por derecho de conquista. Sin más razón que esa. Lo ha conquistado, y ahora es suyo, así de sencillo. ¿Podemos arrebatárselo y hacerlo nuestro de nuevo? No nos lo va a permitir.

Pues dejémonos guiar por Dios y por María. Del mismo modo que Jesús iba (y va) por delante de los Apóstoles hacia Galilea cuando resucitó, y ellos sólo tenían que seguir ese camino, nuestra Madre va por delante de nosotros en el camino de la vida. Sólo hemos de seguir a la Divina Pastora. ¿Hacia dónde? Hacia algo muy bueno, hacia Dios ¿Y qué recibimos con eso? Pues, entre otras muchas cosas, paz.

Isael Pla Martorell