¡Tiempos marianos! ¡Tiempos de Cristo!

“El mismo sentido nosotros proclamamos, a propósito de la Madre Santísima: “Tú sola has destruidos todas las herejías en el mundo entero” (Oficio de la Virgen). ¡Qué hermosas palabras! Ella destruye pues “las herejías”, no a los herejes, porque los ama, desea su conversión; y precisamente por el amor que les tiene los libra de las herejías, destruye en ellos las opiniones y convicciones equivocadas.

“Has destruido”, pues; no las ha disminuido, debilitado, sino eliminado totalmente, destruido de tal manera que de ellas no queda ninguna huella.

¿Cuáles? “Todas”. Todas, sin ninguna excepción.

¿Y dónde? ¡”En el mundo entero”!

Así pues, no sólo en una u otra nación, o en una u otra parte del globo terrestre, sino en todas las naciones de esta tierra.

Y “Tú sola has destruido”. No es necesario nada más, ya que Ella sola puede hacerlo” (EK 1170).

 

 

San Maximiliano Kolbe es un santo valiente, como todos los santos. No tiene miedo de hablar de cismas o herejías y decir que están, por definición, en un error; pero ya han sido vencidas todas por María Santísima. El paso del tiempo va a darle la razón.

 

Hubo una época en que casi el mundo entero fue ganado para Cristo con el rojo de la sangre, del martirio, del fervor, del amor ardiente. Entonces se creó una cristiandad que primero se dividió, y luego quedó malherida por el mordisco de fauces feroces y viperinas: las ideologías, ese zarandeo satánico del que ya Jesús advirtió a Pedro.

 

Aquella cristiandad se formó con el rojo del amor ardiente del Crucificado, ahora volverá con el azul del manto benigno de María. Vino un incendio primero, la tierra ardió y actualmente casi está apagado. Ahora viene toda una inundación que rebasará incluso los límites del primer cristianismo, porque recuperará para sí las almas de los herejes, de manera que se perfeccionará por María su amor a Dios, y conquistará a los no creyentes, de manera que quedarán atraídos por Jesús a través de María.

 

Estos son los tiempos que estamos viviendo, tiempos marianos. ¡Gracias, Señor, gracias, María, por hacernos tuyos justo ahora!

Isael Pla Martorell