SAN MAXIMILIANO, EL FRAILE DEL DIÁLOGO POR LA PAZ ENTRE LOS PUEBLOS

SAN MAXIMILIANO, EL FRAILE DEL DIÁLOGO POR LA PAZ ENTRE LOS PUEBLOS

(Fr. Raffaele di Muro OFM Conv, asistente internacional de la Milicia de la Inmaculada)

an Maximiliano Mª Kolbe, en el mundo Raimundo, nació en Zdunska Wola (Polonia) el 8 de enero de 1894. Recibió el hábito de la Or-den Franciscana el 4 de octubre de 1910, tras tres años en el seminario menor de Leópoli. En 1912 llegó al Colegio seráfico de San Teodoro, Ro-ma, para completar su formación. El 1 de noviembre de 1914 emite la profesión solemne y, el 28 de abril de 1918, se ordenó sacerdote. El 16 de octubre de 1917, con otros seis hermanos, fundó la Milicia de la Inmacula-da. Regresó a Polonia en 1919 e inició su apostolado con el cargo de pro-fesor del seminario. Los años 1920-21 y 1926-27 le marcaron con la enfer-medad: sufrió tuberculosis, lo que le obligó a curarse en un hospital espe-cializado. Se distinguió en el apostolado de la prensa y como propagador de la Milicia de la Inmaculada. Fundador y Director de la Niepokalanow, erigida canónicamente en 1927, o "Ciudad de la Inmaculada", convento de vanguardia dedicado a la difusión del culto a la Inmaculada. En 1930 marchó de misionero a Japón. También en Oriente nacieron el "Caballero de la Inmaculada" y la "Ciudad de la Inmaculada". En 1936 volvió a Polo-nia para retomar la dirección de la Niepokalanow polaca. El 11 de febrero de 1941 fue arrestado por la Gestapo y recluido en el campo de concen-tración de Auschwitz donde, el 14 de agosto del mismo año, ofreció su vida a cambio de la de un padre de familia.

EL DIÁLOGO POR LA PAZ EN NOMBRE DE LA INMACULADA

El Padre Kolbe fue un auténtico pionero del apostolado en los mass media, en particular en la prensa. Se puede afirmar que utilizó los más sofisticados instrumentos que la ofrecía tecnología del momento para difundir el mensaje evangélico y para dar a conocer la Inmaculada a la humanidad. La prensa ofreció al santo polaco la posibilidad de facilitar el diálogo con los no cristianos, incluso con los litigantes. La visión del Padre Kolbe sobre los hebreos, por ejemplo, fue absolutamente positi-va, prudente y respetuosa. Cada vez más, en las páginas del Caballero de la Inmaculada, o en las cartas, emerge su alta consideración por el pueblo hebreo, que busca la verdad, y por esta razón debe ser ayudado y sostenido. Valiosa la siguiente frase: "Hablando de los hebreos yo pondría mucha atención en no suscitar o intensificar mayormente el odio de nuestros lectores" (SK 598). Los mismos sobrevivientes al exter-mino de Auschwitz son quienes testimonian su amor por esta nación tan probada y perseguida. Por lo demás, el Padre Kolbe y los hermanos de la ciudad de la Inmaculada (Niepokalanow) son muy apreciados por los hebreos, que reconocen su atención y caridad.

El objetivo de la acción de San Maximiliano fue simple: fomentar el conocimiento y la adhesión a Cristo y a la Inmaculada por parte de los alejados: pecadores, masones, judíos, cismáticos, sirviéndose de estra-tegias pacificas basadas en un sereno y sincero diálogo. Significativas éstas palabras: "Nuestro objetivo es claro: la Inmaculada Reina del cielo debe ser reconocida, y lo antes posible, como reina de todos los hom-bres y de cada alma..." (Sk 1183). No olvidemos que en su misión en Japón, San Maximiliano contactó con budistas y sintoístas. También a ellos buscó presentarles el valor de la oración cristiana y la belleza de la Inmaculada en la vida del hombre. Al mismo tiempo buscó comprender en profundidad la cultura japonesa: para que "calen" en ella -según una lógica de inculturación- los elementos del cristianismo. En sus artí-culos el santo polaco da cuenta de la alegría de los japoneses que, en-contrando a Jesús, se bautizan e inician una nueva vida como creyentes.

El santo, además, logró entablar buenas relaciones con los protes-tantes del Japón en una época histórica en la que las relaciones ecumé-nicas e interreligiosas eran muy difíciles, incluso miradas con sospecha. De hecho llama la atención su capacidad para valorar el bien presente en el otro, incluso ante los musulmanes, de quienes aprecia la oración, los ayunos, la vida monástica, las vigilias, la moderación. También a ellos Maximiliano desea presentar el amor del Señor y de la Inmaculada sin ninguna pretensión, sin polémicas y cuidando al hermano. Sus lecto-res están invitados a poner a un lado odios y rencores raciales, cultura-les y religiosos, para aumentar la capacidad de contacto pacifico y cons-tructivo entre hombres y mujeres de distinta procedencia, aun afirman-do la propia y específica identidad y la propia visión de la vida. Según San Maximiliano Kolbe, evangelizar quiere decir sobretodo comprender las posiciones de aquellos que viven la fe de manera distinta a la propia, para después invitar al conocimiento de los valores cristianos, propuestos con decisión pero con respeto. No tiene delante enemigos que combatir sino hermanos a los que comunicar el Evangelio; no tiene adversarios con los que discutir, sino personas con una gran necesidad de encontrar el amor de Cristo y de la Inmaculada; no se mete en controversias, sino que invita a abrazar a Cristo y su redención para conocer la plena felicidad, verdadera y duradera que solo el Señor puede dar.

Frente al contexto cultural y social de su tiempo, dominado por las grandes ideologías del liberalismo, del comunismo y del nacionalsocialis-mo, propone una vez más la verdad del Evangelio. A través de las colum-nas del Caballero de la Inmaculada ofrece, en particular, una apasionada y racional defensa del mensaje cristiano contra las teorías marxistas, consi-deradas entonces como el peor peligro para la fe.

De notable relevancia, y de gran tolerancia, son sus inmersiones en el campo de la política económica. En 1934, por ejemplo, propone un re-medio para rescatar económicamente al pueblo polaco que, según él, está llamado más que a la lucha contra los hebreos, al apoyo y expansión de empresas administradas por trabajadores locales. Según Maximiliano Kol-be, el trabajo es para el hombre ocasión de santificación y de comunión fraterna, no de vejación y egoísmo. También en este campo es de desta-car su extraordinaria capacidad para conciliar los valores provenientes de la fe con la realidad de su tiempo, mostrando de forma evidente, como hiciera Francisco de Asís, la posibilidad concreta de hacer del Evangelio una autentica regla de vida.