Escritos sobre San Maximiliano

Escritos sobre la figura y la obra de San Maximilano Kolbe

Homilía de Juan Pablo II en la canonización de San Maximiliano

Homilía del Papa Juan Pablo II en la Canonización de San Maximiliano Kolbe (10-X-1982)

1. «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13).

Desde hoy la Iglesia quiere llamar «santo» a un hombre a quien le fue concedido cumplir de manera rigurosamente literal estas palabras del Redentor.

Así fue. Hacia finales de julio de 1941, después que los prisioneros, destinados a morir de hambre, habían sido puestos en fila por orden del jefe del campo, este hombre, Maximiliano María Kolbe, se presentó espontáneamente, declarándose dispuesto a ir a la muerte en sustitución de uno de ellos. Esta disponibilidad fue aceptada, y al padre Maximiliano, después de dos semanas de tormentos a causa del hambre, le fue quitada la vida con una inyección mortal, el 14 de agosto de 1941.

Todo esto sucedía en el campo de concentración de Auschwitz (Oswiecim), donde fueron asesinados durante la última guerra unos cuatro millones de personas, entre ellas la Sierva de Dios Edith Stein (la carmelita sor Teresa Benedicta de la Cruz), cuya causa de beatificación sigue su curso en la Congregación competente [fue canonizada por Juan Pablo II el 11 de octubre de 1998]. La desobediencia al mandamiento de Dios creador de la vida: «No matarás», causó en ese lugar la inmensa hecatombe de tantos inocentes. En nuestros días, pues, nuestra época ha quedado así horriblemente marcada por el exterminio del hombre inocente.

¡Tiempos marianos! ¡Tiempos de Cristo!

“El mismo sentido nosotros proclamamos, a propósito de la Madre Santísima: “Tú sola has destruidos todas las herejías en el mundo entero” (Oficio de la Virgen). ¡Qué hermosas palabras! Ella destruye pues “las herejías”, no a los herejes, porque los ama, desea su conversión; y precisamente por el amor que les tiene los libra de las herejías, destruye en ellos las opiniones y convicciones equivocadas.

“Has destruido”, pues; no las ha disminuido, debilitado, sino eliminado totalmente, destruido de tal manera que de ellas no queda ninguna huella.

¿Cuáles? “Todas”. Todas, sin ninguna excepción.

¿Y dónde? ¡”En el mundo entero”!

Así pues, no sólo en una u otra nación, o en una u otra parte del globo terrestre, sino en todas las naciones de esta tierra.

Y “Tú sola has destruido”. No es necesario nada más, ya que Ella sola puede hacerlo” (EK 1170).

 

 

San Maximiliano Kolbe es un santo valiente, como todos los santos. No tiene miedo de hablar de cismas o herejías y decir que están, por definición, en un error; pero ya han sido vencidas todas por María Santísima. El paso del tiempo va a darle la razón.

 

Hubo una época en que casi el mundo entero fue ganado para Cristo con el rojo de la sangre, del martirio, del fervor, del amor ardiente. Entonces se creó una cristiandad que primero se dividió, y luego quedó malherida por el mordisco de fauces feroces y viperinas: las ideologías, ese zarandeo satánico del que ya Jesús advirtió a Pedro.

 

Aquella cristiandad se formó con el rojo del amor ardiente del Crucificado, ahora volverá con el azul del manto benigno de María. Vino un incendio primero, la tierra ardió y actualmente casi está apagado. Ahora viene toda una inundación que rebasará incluso los límites del primer cristianismo, porque recuperará para sí las almas de los herejes, de manera que se perfeccionará por María su amor a Dios, y conquistará a los no creyentes, de manera que quedarán atraídos por Jesús a través de María.

 

Estos son los tiempos que estamos viviendo, tiempos marianos. ¡Gracias, Señor, gracias, María, por hacernos tuyos justo ahora!

Isael Pla Martorell

Ella nos ha consquistado y no nos dejará

"Impenetrables son los admirables caminos de la Divina Providencia y su acción en las almas por medio de la Inmaculada. Ella entra en un alma mediante una inspiración interior o sirviéndose del ambiente. Y cuando logra entrar, o las puertas del alma se entreabren al menos un poco, Ella penetra en el interior de la casa, la purifica de pecados y defectos, la adorna de virtudes y la conduce por el camino de un amor ardiente" EK 1170.

Suelo hablar bastante de la angustia, de la falta de paz, del desasosiego, que puede tener causas varias: agobios del día a día, incertidumbre sobre el futuro, las obligaciones y afanes del mundo en general. Y siempre hallo el descanso en Dios y en María Santísima.

Una de las razones por las que suelo perder la paz es por no saber qué quiere Dios de mí; o por tener miedo a lo que Él pueda pedirme; pero sobre todo, por exigirme mucho en mi trato con Dios, por encima de mis fuerzas, es más contando sólo con mis fuerzas. En esas cavilaciones estaba un día, cuando de lo alto me vino el consuelo en forma de una idea, de una imagen, que comparto con vosotros:

María, puente hacia Jesús

"Jesús se va para predicar, mientras Ella se queda en su pequeña casa, preocupada por su destino. El arresto de Jesús, su pasión y el camino hacia el Calvario. María reaparece y acompaña a Jesús al lugar de la ejecución, está junto a Él en el momento de su muerte y estrecha contra su pecho su cuerpo helado, bajado de la Cruz. (...)

La santa tradición nos habla de Ella más profusamente. Otras cosas fueron añadidas por algunos corazones amantes, y muchos detalles podemos deducirlos también de revelaciones privadas" (EK 1312).

El afán de saber que tenemos los cristianos sobre todo lo referente a la vida de Jesús es grandísimo; tanto, que en nuestra pía curiosidad a veces no nos basta lo que dicen los Evangelios para quedarnos satisfechos, y eso que con el Evangelio no se necesita más. Aún así, Dios Padre Providente sabe de nuestra curiosidad y, para consuelo de las almas, da a algunos místicos visiones sobre las vidas de Cristo, la Virgen y San José, no incluidas en la Sagrada Escritura.

Pero, cuando no había tales consuelos, ya la Iglesia daba una respuesta a las preguntas de los fieles. ¿Qué ocurre entre el Viernes Santo, muerte de Nuestro Señor, y el Domingo, día de Su Resurrección? ¿Quién protagoniza ese día sábado?

¡Muerte dulce!

¡Qué dulce será la muerte de aquel que haya sido de veras propiedad suya en la práctica y no sólo en la teoría, en la repetición del acto de consagración! EK 756.

Leyendo los escritos de San Maximiliano María Kolbe me topé con este párrafo y, conociendo cómo murió, además de sorprenderme, podría haber seguido leyendo, hacer como si mis ojos no hubieran reparado en estas frases. Podría haber pensado: "pobre San Maximiliano, confiado y fervoroso, mas cándido e ingenuo". En ello latiría cierto desprecio. O aún peor: podría haberme dejado caer por una pendiente que se iniciaría con la advertencia de esa candidez, seguiría con algún pensamiento sarcástico, continuaría con cierta desesperanza y desengaño, para terminar en la sencilla desconfianza, si no en el total descreimiento.

Sin embargo, no ocurrió así. Cierto, la impresión fue grande, tan grande como la alegría que me produjo. No hizo mella en mí un realismo mundano, craso, y la Virgen me resguardó de las tentaciones del demonio que podían inducirme a la pendiente de la que he hablado. No: tomo muy en serio las palabras de los sacerdotes, de las personas consagradas, de los preferidos del Señor, del mismo modo que tomo muy en serio el hecho de que nosotros, en tanto bautizados, somos sacerdotes, profetas y reyes. Aquí, profetas, en todo su sentido.

El Dulce Nombre de María

"¡Oh Inmaculada, Inmaculada, Inmaculada, Inmaculada! ¡Qué dulce, qué agradable al corazón de un hijo, tu Santo Nombre! ¡Qué bien resuena en el alma! ¡Qué estupenda melodía! El mundo no te conoce aún. Muchos te conocen sólo de manera superficial. ¡Déjanos alabarte, oh Virgen Santísima! ¡Y danos fuerza contra tus enemigos!" EK 991 R

El loco de la Inmaculada se gana el apelativo a pulso. No puede evitar amar tanto a María. Comienza las cartas con Su dulce nombre, frecuentemente entre exclamaciones. Entre frase y frase, se desliza una jaculatoria, un arrebato de gozo, como al ver a alguien muy estimado; María es causa de su alegría, y de la nuestra.

El Padre Kolbe nos invita a pronunciar el dulce nombre de María en toda circunstancia, especialmente en la aridez y el dolor. Es dulce a la boca y al sentimiento, y esa sensación se dilata mientras decimos, paladeamos, el "Ave María". Le rezamos a un ser finito que es Madre de Dios y Madre nuestra, que nos va a entender como nadie, y que nos quiere con todo su santo ser. Pero ahora me quiero quedar con esa dulzura que no dejo de repetir, con ese sosiego que da pronunciar Su nombre y dedicarle unos segundos. Todos podemos experimentar ese sosiego. Estoy seguro de que Jesús, mientras andaba por los caminos de Israel anunciando el Reino de Dios, y dormía al raso sin tener dónde apoyar la cabeza, se acordaba de Su Madre, pronunciaba Su nombre, y el suelo adquiría blandura. Y ahora que esperamos la Navidad, podemos ver a María embarazada, con ojos tranquilos y alegres, acariciándose el vientre, y pensar que somos nosotros los que estamos en él, seguros, protegidos, cuidados, mimados.

Entonces, se nos va la ansiedad mundana.

Isael Pla

Ahí tienes a tu Madre

"Queridísimos hijos, cómo desearía decirles, repetirles lo buena que es la Inmaculada, para poder alejar para siempre de sus pequeños corazones la tristeza, el desaliento interior, el abatimiento. La sola invocación "María", acaso con el ánimo sumergido en las tinieblas, en las arideces y hasta en la desgracia del pecado, ¡qué eco produce en su Corazón! Y cuanto más infeliz es el alma, hundida en sus pecados, tanto más este Refugio de los pobres pecadores como nosotros, la rodea de cariñosa y solícita protección". EK 509.

Protección de madre, atenta, providente, amorosa, cómplice, sufrida, humilde, confiada. ¿Nosotros? Unos trastos. San Maximiliano María nos habla de la Virgen como Aquella a la que podemos dirigirnos en cualquier situación dura, breve o dilatada en el tiempo: tristeza, aridez, tinieblas o pecado. Porque no sólo caemos en el pecado por debilidad, también lo hacemos con plena consciencia y voluntad. Y cómo nos duele luego, ¿verdad? Pues incluso en esos momentos, cuando nos da vergüenza dirigirnos a Dios directamente, pedirle perdón, antes de confesarnos con un sacerdote, nos dirigimos a nuestra Madre del Cielo y le pedimos que interceda por nosotros, que nos acompañe. Y Ella nos acompaña, con ella andamos por el camino más hacedero hacia el perdón y la santidad.

En todas las circunstancias acudamos a Ella y recordemos las palabras de Cristo en la cruz. Como canta la hermana Glenda, si no queda vino en tu vida hoy, si sólo hay tinajas, pero no hay amor, si no hay Pentecostés en tu corazón, si la cruz te pesa para caminar... ahí tienes a tu Madre.

Isael.

MARÍA ES PERFECTAMENTE DE DIOS

Ella es de Dios. Es perfectamente de Dios, hasta el punto de convertirse casi en una parte de la Sma. Trinidad, aunque sea una criatura finita. Es más, no sólo es "sierva", "hija", "res", "proprietas", etc. de Dios, sino también ¡Madre de Dios!... Aquí entra vértigo... casi sobre Dios, como la madre está por encima de los hijos y éstos deben venerarla... EK 508

Alguien escribió, ahora no recuerdo quién, algo así como que María era la cuarta parte, el cuarto ángulo, de la Trinidad. Es la estrella que corona a las Tres Personas, en la que todas ellas se complacen por su humildad de esclava y su pureza. Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo, ¿cómo iba a exagerar Kolbe en su amor a María? Razonando como lo hacía el santo, ¿acaso no notamos también ese vértigo? No deja de ser un Misterio, pero a diferencia del Misterio por antonomasia, el Misterio de la Santísima Trinidad, que desafía nuestra enclenque entendimiento, este Misterio ni desafía, ni turba, ni desespera ni nos angustia intelectualmente. No: este Misterio engrandece el corazón, maravilla el sentimiento, relaja y acaricia la razón, como un abrazo de madre; nos da un motivo más, ¡un gran motivo!, para dar gracias a Dios. Cuán equivocados estuvieron los que veían en el amor mariano de Kolbe una exageración rayana en la herejía, pues fue el seguir su camino de santidad agarrado al manto de la Virgen lo que desembocó en su sacrificio supremo a imitación de Cristo, la condena al barracón del hambre, el barracón número 13 (para muchos, el número de la Virgen y "número de la suerte" de otro mariano, Juan Pablo II) y ahora barracón 11, su muerte la víspera de la Asunción de María a los Cielos, y su semblante tras fallecer: sereno, con la cabeza ladeada suavemente a la izquierda y los ojos fijos en un lugar determinado, según algunos, el lugar donde se le apareció la propia Virgen para llevárselo y estar con él eternamente.

Isael Pla

¿Qué es el amor sin límites a la Inmaculada?

"¿Qué es el amor sin límites a la Inmaculada? Ella está muy cerca de Dios y nosotros estamos muy cerca de Ella y, por consiguiente, por medio de Ella, de Dios mismo." EK 461.

Nos repite Jesús en el Nuevo Testamento lo que repite el Antiguo sin cesar, y cuyas palabras no pasan: el primero de los mandamientos es amar a Dios con toda el alma, con todo el cuerpo, con todas las fuerzas. Amamos a Dios creador por todo lo creado, por todas las cosas buenas, aunque nos cueste acepar las malas o podamos verlo temerosamente como Alguien severo, cuando es todo Amor. Amamos a Cristo por ser la bondad hecha carne, por sus sufrimientos injustísimos, pero a veces apartamos la vista porque su testimonio, como el de tantos santos y mártires después, nos interpela, como diciendo "¿y tú, qué? También a esto estás llamado". ¿Y qué hay de María? ¡Qué poco nos cuesta amarla! Qué dulzura cuando pensamos en Ella, cuando nos dirigimos a Ella, con intimidad, con confianza, y nos inunda de azul sosegador. Decía San José María Escrivá de Balaguer, al que cito porque amaba mucho a la Virgen (de hecho, murió mientras miraba con cariño una imagen Suya) y porque hoy se celebra el aniversario de su canonización: "¿Cómo se comporta un hijo o una hija normales con su madre? De mil maneras, pero siempre con cariño y con confianza". ¿La vamos a amar sólo en parte? ¡Con toda el alma, con todo el cuerpo y con todas nuestras fuerzas también! Un amor sin límites.

Isael.

Vinaròs, 6 de octubre de 2010.