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Hoy es San Maximiliano Kolbe

Con toda la Iglesia Universal, anunciamos con toda la alegría de nuestro corazones que celebramos la fiesta de nuestro querido fundador de La Milicia de La Inmaculada:

San Maximiliano María Kolbe

Que su ejemplo de vida y de entrega amorosa a nuestra querida Madre Inmaculada y a todos los hombres nos sirva para crecer en santidad y en amor a La Inmaculada.

 

"Efectivamente, como a través de María

tuvo inicio la salvación,

así también a través de Ella

la salvación llegará a su consumación"

San Maximiliano María Kolbe, ruega por nosotros

 

Fiesta de San Maximiliano Kolbe - carta de nuestro Asistente Nacional

Kolbe Capilla Batan

Con ocasión de la fiesta de San Maximiliano María Kolbe, fundador de la Milicia de la Inmaculada (MI), en el 77 aniversario de su martirio en la celda del hambre en el campo de concentración nazi de Auschwitz, rematado por una inyección de fenol, y en la vigilia de la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, el Asistente Nacional de la MI en España, Fr. Abel García-Cezón, OFMConv, nos ha escrito una nueva carta, que transcribimos a continuación, en la que reflexiona especialmente sobre el significado del sacerdocio presbiteral del Padre Kolbe, en el centenario de su ordenación sacerdotal que estamos celebrando en este 2018. 

¡Muchas gracias Fr. Abel por tu acompañamiento!

kolbe estola

Madrid, 2.8.2018

Fiesta de Ntra. Sra. de los Ángeles

“Soy sacerdote católico”.

Queridos mílites: paz y bien.

El 28 de abril de 1918, fray Maximiliano María Kolbe recibía la ordenación sacerdotal en Roma. Al día siguiente celebró su primera misa solemne con gran fervor en el altar de la Virgen del Milagro, en la basílica romana de Sant’Andrea delle Fratte. De todos es conocido que en este mismo altar había tenido lugar en 1842, la aparición de la Santísima Virgen al judío Alfonso de Ratisbonne, provocando su fulminante conversión al catolicismo. Estamos recordando, por tanto, en este año 2018 el centenario de la ordenación sacerdotal de san Maximiliano. Sabemos, por una carta que envió a su madre unos meses más tarde, cómo vivió nuestro santo el momento de su ordenación: “Reconozco con gratitud -decía- que todo ha sido un don logrado por la intercesión de la Inmaculada, nuestra madrecita común. ¡Cuántas veces en la vida, sobre todo en los momentos más importantes, he experimentado su especial protección! Gloria, pues, al Corazón de Jesús por medio de aquélla que fue concebida sin pecado, la cual es instrumento en la manos de la misericordia de Dios para la distribución de las gracias. En ella pongo, además, toda mi confianza para el futuro”. Conocemos, igualmente, la última de las intenciones que había escrito sobre un pequeño trozo de papel con motivo de su primera misa: “Pro amorem usque ad victimam”. Y también aquellas palabras que pronunció al final de su vida terrena, en el “calvario” de Auschwitz: “Soy sacerdote católico, quisiera dar la vida por este hombre”.

Estos sintéticos trazos biográficos (y tantos otros datos que conocemos por otras fuentes) nos muestran la profunda visión que san Maximiliano tenía del sacerdocio, visión que no fue para él un saber teórico o ideal ya que supo llevarla a la práctica en su vivencia cotidiana de tan sublime vocación. Podemos decir, sin miedo a exagerar, que san Maximiliano es una figura señera de santidad sacerdotal, vivida tanto en la extraordinaria creatividad de las obras que llevó a cabo junto a sus hermanos (Milicia de la Inmaculada, El Caballero, las Ciudades de la Inmaculada en Polonia y Japón, etc.), fruto de su caridad pastoral y de su enorme corazón de apóstol; como en la diaria fidelidad al ejercicio humilde y escondido del ministerio: orando, trabajando, amando y sacrificándose sin cálculos ni rebajas. Para el padre Kolbe, el sacerdote es el hombre que no se guarda la vida, sino que la da, la entrega, la ofrece cada día, de la mano de la Inmaculada, siguiendo las huellas del Buen Pastor. En él ha de cumplirse aquello que rezamos en la Liturgia de las Horas, en las fiestas de los pastores: Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo; el que da la vida por sus ovejas. A este propósito, el doctor Rudolf Diem, médico en el campo de concentración, testificó lo siguiente: “Puedo decir con certeza que durante mis cuatro años en Auschwitz, nunca he visto un ejemplo tan sublime de amor a Dios y al prójimo”. Hemos sido lavados en la sangre del Cordero (1 Jn 1, 7) y, desde entonces, el martirio es el modo de seguimiento más radical de Jesús y, por tanto, el camino de la Iglesia. Seguirle a Él de verdad, llevará al discípulo a poner sus pies en huellas dolientes, pero que conducen a la mañana de Pascua por el amor que vence a la muerte.

La Iglesia y nuestra Milicia gozan de inmensa alegría por un testimonio tan luminoso de lo que significa de verdad ser sacerdote de Jesucristo. Mirando a san Maximiliano, escuchando a san Maximiliano, podemos decir: ¡Este es el sacerdocio y ésta es la verdadera “pastoralidad”! Y así lo viven la inmensa mayoría de los llamados a ser, por pura gracia y misericordia de Dios, un alter Christus que camina por las calles de nuestro mundo. Considero muy importante volver a afirmar la verdad y la humilde grandeza del sacerdocio católico, ya que la actualidad mediática nos está poniendo delante situaciones como las de Chile, Australia, Estados Unidos o Italia, por poner unos cuantos ejemplos, donde sacerdotes y obispos han cometido horribles y gravísimos delitos de abusos sexuales contra menores (u ocultación de los mismos) o han llevado durante años una doble vida, siendo motivo de tremendo escándalo y confusión para los fieles. Debemos rechazar y denunciar de manera firme y sin ambages todas estas situaciones. Habrán de responder ante Dios y, en muchos casos, ante la justicia. A la vez, con visión sobrenatural, oremos con más fervor y con espíritu de reparación para que Dios se apiade de ellos, cure las heridas de las víctimas, purifique a toda la Iglesia y pase pronto este “tiempo de tribulación”. Hagámoslo con esa “esperanza cierta” que san Francisco pedía ante el Cristo de san Damián, porque Dios, Señor de la historia, permanece con nosotros en los momentos de tempestad, abriendo nuevos tiempos de gracia y santidad para su Iglesia por el camino de la conversión y la penitencia. No, queridos mílites: La miseria y sordidez de algunos no pueden oscurecer la grandeza de esta vocación, querida por Dios e instituida por su Hijo Jesucristo como uno de los sacramentos de la nueva alianza sellada con su sangre.

Que el testimonio sacerdotal de amor a Cristo que nos dejó san Maximiliano, sacerdote franciscano, nos mueva a todos a “enamorarnos” siempre más profundamente de Jesús, nuestro Maestro y Señor. Sea la Suya la mirada que buscamos al amanecer y la consolación que esté con nosotros durante la noche o las “noches de nuestra vida”. Sea Jesús y su amor fiel la memoria y la compañía de cada respiro cotidiano, invocando llenos de confianza con mucha frecuencia durante el día su bendito nombre, tal y como nos enseñó san Bernardino de Siena y toda la escuela franciscana: “Jesús, Jesús”. Para que este amor se acreciente, como ya os dije el año pasado en esta misma carta de agosto, cuidemos mucho nuestra vida espiritual: la oración personal cotidiana (ojalá con algunos ratos de meditación de la Palabra de Dios, el rezo de alguna hora litúrgica -quizás en común-, la adoración o las visitas al Santísimo...), la eucaristía diaria o frecuente, la confesión al menos mensual, el rezo del rosario y de jaculatorias, la lectura espiritual, etc. “El único deseo de la Inmaculada es elevar el nivel de nuestra vida espiritual hasta las cimas de la santidad” (S. Maximiliano M. Kolbe

Vivir enamorados del Señor, desear ser santos como Él es santo – siguiendo el ejemplo de san Maximiliano – significa, también, mantener muy viva la tensión misionera, apostólica y evangelizadora. Para ello, no es necesario hacer grandes cosas (a menos que no entendamos que el Señor las quiere), sino que todo nos lo jugamos en cuidar a aquellos que nos han sido confiados según nuestra vocación, especialmente a nuestras familias y a todos aquellos con los que convivimos de una manera o de otra. Y también poniéndonos al servicio de nuestras parroquias y comunidades cristianas. Sí, queridos mílites, cuidemos los pequeños milagros de amor (quizás poco visibles para los demás, pero eficaces a los ojos de Dios sin duda alguna) que pueden ir transformando el mundo entero en una enorme “Ciudad de la Inmaculada”, así como las obras de caridad y de misericordia hacia los pobres y débiles, decisivas para el día del juicio final (cf. Mt 25). Los milagros de amor son posibles, según la experiencia de san Maximiliano, cuando confiamos en el poder de la intercesión de la Inmaculada. En un artículo de 1924 nuestro santo decía: «Encended en todas partes el amor y la confianza en la Inmaculada y muy pronto veréis brotar en los ojos de los pecadores más endurecidos las lágrimas del arrepentimiento, vaciarse las cárceles, aumentar el número de los obreros honestos, mientras los hogares perfumarán de virtud, la paz y la felicidad destruirán la discordia y el dolor, porque ha llegado una era nueva».

Finalmente, el amor filial y rebosante de ternura de san Maximiliano hacia la Inmaculada Madre de Dios, de quien aprendió tantos “gestos maternales” que luego veremos realizados en su sacerdocio, resuene cada vez con más fuerza en nuestro corazón de mílites y en nuestros gestos “maternos”, llenos de ternura, bondad y solicitud, con los que debemos tratar a los demás. ¡Ojalá fueran una seña de identidad de nuestra consagración a la Inmaculada! Y quien se cruzara con nosotros pudiera decir: en sus gestos, en su mirada, en la bondad y ternura de sus palabras veo a María, escucho a María.

Que la resuelta fidelidad a Dios que siempre vivió la Virgen, sea también la nuestra: “Aquí estoy, fiat, hágase”. A Ella, Madre de toda bondad como la invocaba san Francisco, consagró el padre Kolbe todo su apostolado y se consagró él mismo, porque “amar es darlo todo y entregarse a sí mismo” (santa Teresa de Lisieux). No hay verdadero amor sin entrega total de sí mismo. Decir de verdad: Te amo, significa necesariamente: Me entrego totalmente a Ti, te pertenezco para siempre. Para el padre Kolbe, este acto de amor va dirigido al corazón de Jesús por medio de María, pero también se dirige a María para amar a Jesús con su propio corazón. ¡Pidamos esta gracia! Jesús, quiero amarte con el corazón inmaculado de tu Madre. María, ponme en tu corazón para amar a Jesús como Él espera ser amado.

Oremos, queridos mílites, para que el ministerio de los sacerdotes no sea distinto de la vida del sacerdote, quien, en cada servicio que realiza, tiene que mantener siempre un estilo sacerdotal, como si siempre estuviera sobre el altar ofreciéndose con Cristo al Padre, amando y entregándose sin reservas; nunca como un mero administrador o un mercenario que busca sus propios intereses y no los del Señor (San Agustín).

Oremos para que los sacerdotes no cedan a las modas y a los gustos de esta sociedad que ha perdido el rumbo, secundándolos hasta caer en el ridículo y, aún peor, en el pecado. Oremos para que los sacerdotes cuiden fielmente de las ovejas, ¡den la vida por ellas!, con particular atención hacia aquellas náufragas y enfermas, frágiles y vulnerables, buscando sólo el bien de las almas y que todos conozcan a Cristo, único verdadero Salvador de la historia y del hombre. Oremos para que el Señor convierta y santifique el corazón de los sacerdotes que no viven según la vocación a la que han sido llamados. Pidamos que el Espíritu Santo les purifique y despierte en ellos una nueva conciencia de su pertenencia a Cristo y de la santidad de su vocación, luchando por ser fieles hasta el final.

Oremos, queridos mílites, para que los sacerdotes amen el confesionario como lugar de identificación con Cristo misericordioso, médico y medicina, y para que se acreciente en todos un amor sin medida por la Eucaristía, que sólo ellos han recibido la gracia de celebrar para la vida de la Iglesia y del mundo. Mediante la muerte de Cristo en la cruz y su resurrección se realizó la redención del mundo, ya que tenía el valor del amor supremo y de la obediencia a la voluntad del Padre. Mediante la entrega de los sacerdotes, su muerte para el mundo y su unión al sacrificio de Cristo, un destello de ese mismo amor renueva el mundo, siempre amenazado por el pecado y la muerte.

Oremos y hagamos todo lo que esté en nuestras manos para que cada sacerdote se sienta querido y sostenido por sus fieles, encontrando en ellos el apoyo necesario para que su vocación sacerdotal sea defendida, custodiada, protegida y alimentada con el fin de que no se pierda o, todavía peor, que no llegue a ser un frívolo recuerdo, insuficiente para resistir el golpe – siempre agresivo – de la realidad del mundo, de la tentación de la carne y del demonio.

Que la protección de la Inmaculada – “toda bella” y “toda pura” – que el día 15 contemplaremos en su gloriosa Asunción a los cielos, sostenga a los sacerdotes y a cada mílite en el amor a Cristo hasta el final. Que su omnipotencia suplicante alcance a la Iglesia un nuevo y grande florecimiento vocacional de sacerdotes y religiosos buenos y santos. ¡Oh Inmaculada, nos dejamos llevar por ti! San Maximiliano M. Kolbe, ¡ruega por nosotros!

Os abrazo y bendigo en el nombre del Señor.

Fray Abel García-Cezón OFM Conv.

Asistente nacional de la MI en España

 

Kolbe inyeccion fenol

 

 

Triduo a San Maximiliano Kolbe - 2º dia

Segundo día: Sí a María

 


 

Acercándonos al Padre Kolbe nos sentimos atrapados por su comunión con la Virgen, que se expresa en su consagración a Ella, es decir en su entrega sin límites a Ella y en su amor apasionado por el hombre.

Del Evangelio según San Juan (19, 25–27)

“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa”.

Silencio orante

De los Escritos del Padre Kolbe
"Que la vida de la Inmaculada se arraigue en nosotros cada vez más profundamente, día tras día, hora tras hora, a cada momento y esto sin límites: ¡Este es nuestro ideal! Que Ella misma ame a Dios con nuestro corazón para pertenecerle totalmente: ¡Este es nuestro ideal! Acercar a Ella muchos hermanos, para que abran sus corazones y Ella reine en todos y en todo lugar, sin distinción de raza, de nacionalidad, de idioma. Que reine en el corazón de todos los hombres que vivirán en todo tiempo y hasta el fin del mundo: ¡Este es nuestro ideal!"

 

Consagración diaria a la Inmaculada
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

 

50 años de la Humanae Vitae

paulusvi

Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia” (Ef 5, 31-32). Desde el inicio, la familia y la relación conyugal en la que aquella se funda, pertenecen al corazón de la Iglesia. Con el tiempo y ante los nuevos retos, el magisterio de la Iglesia ha ido profundizando en la problemática y las características de la institución matrimonial, a la luz del Evangelio y de su propia naturaleza.

Justo hace cincuenta años, el 25 de julio de 1968, como uno de los primeros frutos de la reflexión conciliar del Vaticano II, en plena revolución sexual y nacida como signo de contradicción, el beato Pablo VI publicaba la encíclica Humanae Vitae. En ella, en consonancia con el magisterio anterior, el Papa recordaba la naturaleza unitiva y procreativa del acto conyugal, que no se puede disociar del matrimonio entre varón y mujer, base para una verdadera paternidad responsable. Ello convierte a los padres en cooperadores de Dios en la transmisión de la vida: procreadores.

Desde estas premisas, la Encíclica rechazaba categóricamente los atentados a la transmisión de la vida y en especial el aborto. También excluía la esterilización perpetua o temporal del hombre o de la mujer. En particular, declaraba la ilicitud de toda acción anticonceptiva que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación.

Pablo VI avisaba proféticamente de los peligros que entrañaría la mentalidad anticonceptiva, como lamentablemente los últimos cincuenta años del mundo occidental han constatado, con una degradación general de la moralidad, especialmente entre los jóvenes, la cosificación de la mujer y la desnaturalización de la institución familiar. Frente a ello, el Pontífice alentaba a los esposos cristianos a mantenerse fieles y vivir la castidad conyugal, que es posible con la asistencia de la gracia divina. Esta ascética matrimonial ciertamente supone nadar contracorriente, pero es una garantía de la felicidad más plena: “en virtud de su influjo beneficioso, los cónyuges desarrollan íntegramente su personalidad, enriqueciéndose de valores espirituales: aportando a la vida familiar frutos de serenidad y de paz y facilitando la solución de otros problemas; favoreciendo la atención hacia el otro cónyuge; ayudando a superar el egoísmo, enemigo del verdadero amor, y enraizando más su sentido de responsabilidad. Los padres adquieren así la capacidad de un influjo más profundo y eficaz para educar a los hijos; los niños y los jóvenes crecen en la justa estima de los valores humanos y en el desarrollo sereno y armónico de sus facultades espirituales y sensibles” (HV 21).

Paulus VI

El magisterio pontificio posterior ha confirmado y desarrollado armónicamente la visión de la Humanae Vitae. Señalemos, por ejemplo, la Exhortación apostólica Familiaris Consortio (1981), el Catecismo de la Iglesia Católica (1992), la Encíclica Evangelium Vitae (1995) de San Juan Pablo II; o recientemente la Exhortación apostólica Amoris Laetitia (2016) del Papa Francisco.

La Inmaculada, Madre de Aquél que es el Camino, la Verdad y la Vida, dijo SÍ al anuncio del Ángel. Que nuestra Milicia sea siempre dócil al magisterio de la Iglesia y esté siempre dispuesta a defenderlo y dar razón de nuestra fe. Así lucharemos por la extensión de la civilización del amor, el Reino de Cristo por medio de María.

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

 
La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.

Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.
 
La Iglesia dedica esta fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días que dura todo el mes de Junio.
 
San Maximiliano Kolbe nos enseñó que el amor a la Virgen Inmaculada no se detiene en Ella, sino que el fin último es ganar a todos los hombres al Corazón de Cristo:
 
"Tenemos que ganar el mundo entero y cada alma, ahora y en el futuro hasta el final de los tiempos, para la Inmaculada y a través de ella, para el Corazón Eucarístico de Jesús"
 
 
Esto significa que debemos vivir esta fiesta de hoy y todo este mes, demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.

Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.
 
 
 

Triduo a San Maximiliano Kolbe - 3er dia

Triduo a San Maximiliano María Kolbe
 
Tercer día: Sí a los hermanos


La vida y la muerte de san Maximiliano Kolbe son una realización de las palabras de Jesús, según el Evangelio.

Del Evangelio según San Juan (15, 13-16)

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero”.


Silencio orante

De los Escritos del Padre Kolbe
"Cuando el fuego del amor se enciende no puede encontrar lugar en el límite del corazón... Entonces se irradia hacia fuera, incendia, devora, atrapa a otros corazones... Conquista muchas almas."

Reflexión: Cada uno de nosotros estamos llamados a descubrir la manera con la cual Dios quiere que entreguemos nuestra vida. Descubrir esto, significa descubrir nuestra felicidad y la de nuestros hermanos. Dar la vida como Cristo la dio por nosotros. También nosotros, como Padre Kolbe en su tiempo, queremos ser pan de vida para nuestros hermanos como Cristo es Pan de vida para la Iglesia.


Consagración diaria a la Inmaculada
Padre Nuestro, Ave María y Gloria

Triduo a San Maximiliano Kolbe - 1er dia

El próximo dia 14, víspera de la fiesta de la Asunción de nuestra Madre al cielo, toda la Iglesia universal celebrará con alegría la fiesta de San Maximiliano María Kolbe, nuestro buen P. Kolbe y fundador de la Milicia de la Inmaculada.

Para prepararnos bien a su fiesta celebremos juntos el triduo en su honor.

Gracias a nuestras queridas hermanas Misioneras de la Inmaculada del Padre Kolbe os proponemos el material que desde su congregación han preparado para celebrar el triduo.

 

Ofrecemos el primer dia del triduo para esperar al dia 14 con el corazón bien dispuesto y preparado.

Primer día: Sí a Cristo

- Con gran alegría te alabamos, te damos gracias y te adoramos, Señor Dios nuestro, porque tu eres Padre, Hijo Unico y Espíritu Santo.
- Te cantamos, te bendecimos por la admirable cantidad de santos que a lo largo de los siglos suscitaste en tu santa Iglesia.
- En estos últimos tiempos suscitaste a tu siervo san Maximiliano Kolbe, fiel seguidor del Evangelio y apasionado apóstol de María Inmaculada. Por medio de él llamaste a muchos a seguir a tu Hijo y diste la esperanza, haciendo florecer la vida de entre las cenizas del odio y de la muerte.
- Te adoramos, te damos gracias y te alabamos Señor, porque nos amaste desde siempre con amor eterno. Amén.

Lectura del Libro del profeta Isaías (43,1.4a)
"Y ahora, así habla el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel: No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por nombre, tú me perteneces.
Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo."


Silencio orante

De los Escritos de san Maximiliano (EK 1145)
"¿Quién se atrevería a suponer que tú, oh Dios infinito y eterno, me amaste desde siglos, más aún, antes de los siglos? Aunque yo no existía todavía, tú me amabas ya y, justamente por el hecho que me amabas me llamaste de la nada a la existencia...
Para mí creaste los cielos tachonados de estrellas, para mí la tierra, los mares, los montes, los rías y muchas cosas hermosas que hay sobre la tierra...
Sin embargo esto no te bastaba. Para mostrarme de cerca que me amabas con tanta ternura, bajaste del Cielo a esta tierra llena de lágrimas, llevaste una vida de pobreza, fatigas y sufrimientos y, en fin, despreciado y escarnecido, quisiste ser colgado entre los tormentos en un lúgubre patíbulo... Oh Dios de amor ¡me redimiste de esta manera terrible, pero generosa!
Tu corazón non consintió que yo unicamente debiera nutrirm con los recuerdos de tu ilimitado amor. Permaneciste en esta tierra en el Santísimo Sacramento del Altar y te unes estrechamente a mí bajo forma de alimento... compenetras mi alma, le das fuerza y la alimentas... ¿Quién seatrevería a suponer? ¿Qué podrías darme todavía, oh Dios, después de haberte también ofrecido a mí?"


Consagración diaria a la Inmaculada


Padre Nuestro, Ave María y Gloria

 

 

 

 

Sagrados Corazones de Jesús y María

 
 
Celebramos la fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María
 
El Señor nos lo ha dado todo porque a través de su corazón traspasado por nuestros pecados, su Amor se ha derramado a toda la humanidad: a cada uno de nosotros.
 
El señor nos lo ha dado todo: incluso a su Madre
 
La Fiesta del Sagrado Corazón inserta en la misma raíz de nuestra Milicia de la Inmaculada; ya que como San Maximiliano Kolbe nos enseñó, el fin último es ganar a todos los hombres al Corazón de Cristo:
 
"Tenemos que ganar el mundo entero y cada alma, ahora y en el futuro hasta el final de los tiempos,
para la Inmaculada y a través de ella, para el Corazón Eucarístico de Jesús"
 
¡ Que estas 2 fiestas sirvan para aumentar nuestro amor por Cristo y por su bendita Madre Inmaculada !
 
OFRECIMIENTO A LOS DOS CORAZONES
San Juan Eudes
Oh Jesús, el Unico Hijo de Dios,
el Unico Hijo de María,
te ofrezco el Corazón bondadosísimo
de tu Madre Divina,
el cual para ti es el más precioso
y agradable de todos.
Oh María, Madre de Jesús,
te ofrezco el Corazón Sagradísimo
de tu amado Hijo,
quien es la vida y el amor de tu Corazón.
 

Flores a María 2018 - 31 mayo

 
Flor del 31 de mayo:
Madre del buen ejemplo  
 
Meditación:
“Sigue fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2,10). María la más fiel… “hágase en mí según Tu Palabra”. Grande fue la fe de María, quien cumplió a la perfección la Santa Voluntad de Dios, ya que a El todo entregó. En el Calvario a su Hijo dio y confiada con llagas en su Corazón esperó la Resurrección. ¿Somos realmente “fieles” a Dios y a Su Iglesia, cuando no cumplimos nuestro deber, cuando no nos comprometemos con el Señor y tenemos un tibio corazón lleno de vanidad y sin amor?. ¿Somos ejemplo como María, o somos un alma sin vida que no cumple con lo que Dios dicta?. Pregúntate en éste día: ¿he favorecido con mis obras y palabras al Señor, o al maligno?. Sigamos a María con un corazón pequeño y recto. 
 
Perla de San Maximiliano Kolbe:
"Un solo acto de amor perfecto hace renacer el alma: sirvámonos frecuentemente de este medio….Oremos, soportemos las pequeñas cruces, amemos mucho a las almas de todos los que nos rodean, sin ninguna excepción, y tengamos confianza: hagamos todo esto con el único fin de que Ella llegue a ser cuanto antes y sobre toda la tierra la Reina de todos y de cada uno en particular.
EK Nº 892. Niepokalanow. 21 de mayo de 1940
 
 
Oración:
¡Oh Madre que nos guiaste, que todo entregaste!. Dígnate Madre a enseñarnos y a llevarnos siempre de tu mano, para que seamos realmente cristianos, perteneciendo a Cristo, tu Hijo Amado. Amén.
Decena del Santo Rosario (Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria).
 
Florecilla para este día:
Ser un Jesús y una María para los que nos rodean, como testimonio de cristiandad.