• Imagen Slider 18
  • La Inmaculada
  • Imagen Slider 16
  • La Inmaculada
  • San Maximiliano Kolbe
  • Imagen Slider 8
  • Todas las noticias sobre el Centenario de la Fundación de la M.I.
  • "¡Oh Inmaculada!, ¿quién eres tú?" (San Maximiliano Kolbe)
  • ¿Qué es La Milicia de la Inmaculada?
  • Todas las noticias marianas en España y en el Mundo
  • Todo sobre San Maximiliano Kolbe, el "loco" de La Inmaculada
  • Contacta con nosotros y ¡Conságrate a la Virgen!



99 años de la fundación de la Milicia de la Inmaculada

¡¡ La Milicia de la Inmaculada cumple 99 años !!

Hoy hace ya 99 años que en la noche del 16 de octubre de 1917, en una sencilla habitación del Colegio internacional de los Frailes Menores Conventuales, en la calle San Teodoro Nº 42, en Roma, el joven franciscano de 23 años, Maximiliano María Kolbe, junto a seis de sus hermanos de la orden, fundó el Movimiento de la Milicia de la Inmaculada ( MI ).

Movimiento del que humildemente formamos parte muchos de los lectores que desde esta página web intentamos transmitir a todos los hombres, creyentes y no creyentes, nuestro profundo amor a la Virgen Inmaculada, aprendido del ejemplo de vida de San Maximiliano María Kolbe.

Hasta llegar a esa noche del 16 de octubre, la vida de nuestro santo estuvo marcada desde su inicio por la siempre presencia amorosa de la Virgen.

En 1906, con 12 años, sucede un acontecimiento que marcó profundamente la vida de Maximiliano:

"Mama, cuando me reprochaste, pedí mucho a la Virgen me dijera lo que seria de mi. Lo mismo en la iglesia, le volví a rogar. Entonces se me apareció la Virgen, teniendo en las manos dos coronas: una blanca y otra roja. Me miro con cariño y me pregunto si quería esas dos coronas. La blanca significaba que perseveraría en la pureza y la roja que seria mártir. Contesté que aceptaba las dos. Entonces la Virgen me miró con dulzura y desapareció“.

Desde entonces toda su vida fue por y para María.

Durante la permanencia del joven Kolbe en Roma, entre 1912 y 1919, estalla la 1ª guerra mundial con todos sus horrores. En el año 1917, la masonería mundial celebró el segundo centenario de su fundación en Roma, con actitudes abiertamente hostiles hacia la Iglesia católica. Maximiliano se siente fuertemente interpelado por estos acontecimientos y se pregunta:"¿Es posible que nuestros enemigos trabajen tanto hasta prevalecer, y nosotros permanezcamos ociosos o al máximo rezando pero sin entrar en acción?. ¿Acaso no tenemos armas más poderosas como la protección de la Inmaculada?. La sin mancha, vencedora de todas las herejías, vencerá al enemigo que levanta la cerviz".

 

Nunca se insistirá lo suficiente en los humildes comienzos de la Milicia de la Inmaculada.

La reunión fundacional fue la primera y la última de aquel tiempo. Siguieron luego años lleno de dificultades, en los que difícilmente Kolbe se atrevía a hablar, aún entre sus Miembros: “Mamaíta, no sé que rumbo tomará este asunto, pero dígnate hacer de mí y de todos nosotros lo que a ti misma te agrade para la mayor gloria posible de Dios; yo soy tuyo, ¡oh, mi mamaíta Inmaculada!" (EK II, p 757)

Será con el regreso a Polonia en 1922, después de ordenarse sacerdote en Roma, cuando empiece a trabajar para “marianizar” al mundo entero. Ese fue su ideal absorbente por el que trabajó, predicó, luchó, oró, escribió y sufrió: "Conquistar para la Inmaculada un alma tras otra, enarbolar su estandarte en las casas editoriales de los diarios y de la prensa periódica, en las agencias y antenas radiofónicas, en los centros docentes y cenáculos literarios, en las salas de cine, en los parlamentos y senados: en una palabra, en cualquier rincón de la tierra "


Por eso, pasó a conocérsele como “el loco” de la Inmaculada.

De 1922 a 1939 fundó la revista “El Caballero de la Inmaculada”, que en esta página web se puede consultar su edición española, y que llegó a alcanzar en 1938 el millón de ejemplares.

Construye en Polonia "Niepokalanów", en castellano: la Ciudad de la Inmaculada; con casi 800 frailes y 34 modernas máquinas de impresión de aquella época, donde el ideal de aquella ciudad lo resumía nuestro santo con estas hermosas palabras: "En Niepokalanow, María lo es todo: es el corazón y la meta; es el ideal y la fuerza. Por Ella se trabaja, se vive, se sufre, como por Ella se muere. ¡Todo a la mayor gloria de la Inmaculada!"

 

Debido a su ardor apostólico y misionero, por expandir el amor a la Inmaculada, viajó hasta Japón, estando en ese pais de 1935 a 1936. Fundó allí otra Ciudad de la Inmaculada "Mugenzai No Sono". Sin conocimientos de la lengua nativa logró editar la revista de "El Caballero" en japonés. Pero debido al clima cálido y húmedo del pais y a las condiciones de salud del P. Maximiliano, que habían empeorado notablemente, volvió a Polonia.

 

Estalla la 2ª guerra mundial.

 

El horror nazi, la invasión de su querida Polonia y el exterminio judío y de miles de religiosos.

Niepokalanów, la hermosa Ciudad de la Inmaculada es aniquilada. Los frailes que habitaban en ella son dispersados o como nuestro Padre Kolbe llevados al "infierno en la tierra" como era el campo de extermino de Auschwitz.
Allí el 14 de agosto de 1941, como preparación al dia de la fiesta de la Asunción de la Virgen, y tras una agonía de 14 dias, sin agua y sin comida, por haber ofrecido su vida a cambio de la de un padre de familia; nuestro santo entregó su vida.

Pero la sangre de los mártires es "fruto que da vida" y da vida en abundancia.

Hoy su legado, del que formamos parte todos los que estamos inscritos en su sueño de entregar nuestra vida a la Inmaculada, se extiende por todo el mundo.

La Milicia de la Inmaculada cuenta con cerca de 5 millones de consagrados, con presencia en los 5 continentes, 30 ediciones en distintos idiomas de la revista "El Caballero de la Inmaculada", con emisoras de radio y canales de TV, con cientos de Iglesias y basílicas dedicadas a San Maximiliano y con nuevas ciudades de La Inmaculada repartidas por el mundo (Polonia, Brasil, USA).

Y aunque la realidad de La Milicia de la Inmaculada en España, por ahora es muy humilde, nos sabemos sostenidos por la fuerza de nuestra Madre Inmaculada que en todo momento quiere llevarnos al Sagrado Corazón de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.


El sueño de San Maximiliano María Kolbe y su Milicia de la Inmaculada sigue y seguirá vivo mientras haya un sólo hombre y mujer en el mundo que se sienta locamente enamorado, como él, de la Inmaculada.

¡ Felicidades a todos los miembros de la Milicia de la Inmaculada en este dia !

 

 

“ Conquistar el mundo entero para Cristo, por medio de la Inmaculada”

San Maximiliano María Kolbe

María Inmaculada, como a Santa Teresa de Jesús ¡tórnanos a Ti!”

“Afligida fuíme a una imagen de Nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas” (Teresa de Ávila)

 

teresa avila

 

Santa Teresa de Jesús nos acerca hoy, sábado en que celebramos su festividad, a la Santísima Virgen María, en Quien siempre vio a su Madre y a la que le profesó gran amor durante su vida.

Desde bien pequeña, su madre le inculcó una delicada devoción a la Virgen y la ejercitó en el rezo del Rosario. Pero la cruz visitó a la Santa de Ávila, con apenas trece años, traspasando su corazón con el fallecimiento de su madre. ¿Qué hizo entonces la joven Teresa? ¿A Quién acudió para encontrar consuelo y refugio, con la certeza de que estas cosas sólo las puede comprender una Madre? Ella misma nos lo cuenta:

"Afligida fuíme a una imagen de Nuestra Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas. Parecíame que aunque se hizo con simpleza me ha valido; porque conocidamente he hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella, y, en fin, me ha tornado a sí" (Vida 1,7).

Según fuentes carmelitas, Santa Teresa atribuye a la Inmaculada Virgen María su protección constante y la gracia de su conversión: “me ha tornado a sí”.

Tal era la unión de Teresa de Jesús con la Madre de Dios, que cuando fue nombrada Priora de la Encarnación en 1571, colocó en el primer lugar del coro a la Virgen María. “Mi ‘Priora’ (la Virgen María) hace estas maravillas” – contaba en una carta a María de Mendoza (7 de marzo de 1572). Por eso, como podemos leer cuando entramos a uno de estos “Palomarcicos de la Virgen”, podemos leer: El Carmelo es todo de María. Como carmelita, vestía el mismo hábito de María, mas su parecido también se reflejaba en el interior, queriendo ser toda suya: "Plega a nuestro Señor, hermanas, que nosotras hagamos la vida como verdaderas hijas de la Virgen y guardemos nuestra profesión, para que nuestro Señor nos haga la merced que nos ha prometido" (Fundaciones 16,7). En una carta a las monjas de Sevilla, un 13 de enero de 1580, decía: "Así que, mis hijas, todas lo son de la Virgen y hermanas, procuren amarse mucho unas a otras" .

Este amor, que Santa Teresa profesaba a Nuestro Señor, a la Inmaculada y a las almas, lo ofrendaba con su propia vida, también en el sufrimiento. Así nos lo recuerda San Maximiliano Kolbe: “Santa Teresa de Ávila solía decir que para ella era un día perdido aquel en el que no había sufrido. Lo mismo sucede en nuestras vidas, cuando carecemos de la posibilidad de demostrar en la práctica nuestro amor.” (Conf. 7-XI-1938).

Pidámosle hoy a Santa Teresa de Jesús que interceda por nosotros, para que Nuestra Madre también nos “torne a sí”, y siendo todos de Ella, podamos amar arraigados en su Inmaculado Corazón.

Hasta el Cielo con la Inmaculada, querido Fr. Marcelo

Sus últimas palabras fueron para la Santísima Virgen María. Quienes más le conocieron aseguran que así fue toda su vida: todo de Ella. Y así fue llamado a la Casa del Padre, a través de Ella. “Su sonrisa, su caridad y, sobre todo, su amor por la Inmaculada”, adornan el recuerdo de tantas almas que conocieron a Fr. Marcelo, mílite y gran apóstol de la Madre de Dios. Fue Asistente Provincial de la Milicia de la Inmaculada del año 2000 al 2004 y, cada año solía asistir a la Asamblea Nacional de la MI. El cáncer de páncreas que le detectaron el pasado mes de julio podía haberle hecho sufrir intensos dolores hasta su muerte; sin embargo, se fue al comienzo de su via crucis. La Providencia quiso evitarle los peores sufrimientos. Abandonó este mundo sereno, confiado, orando, renovando su consagración a la Inmaculada. Tanto amaba a la Virgen, que la dulzura con la que nos dejó sólo puede tener un nombre: “María”. Hasta el Cielo, querido Fr. Marcelo.

 

Fr. Marcelo

 

Fr. Marcelo Cano Sacristán nació en Fuentenebro (Burgos) el 30 de octubre de 1942. Hijo de D. Dionisio Cano Ulloa y de Dª. Luciana Sacristán Mayor. Fue bautizado el 15 de noviembre de 1942 y confirmado el 20 de mayo de 1943, en la parroquia de San Lorenzo Mártir de Fuentenebro.

Ingresó en la Orden de los Hermanos Menores Conventuales en Tarancón (Cuenca), en 1954. En septiembre de 1955 pasó al seminario de Granollers, donde realizó el noviciado en el curso 1958-59, permaneciendo en Granollers hasta 1966, donde completa su formación como fraile y sacerdote.

-         Estudió el bachillerato de 1954 a 1958; la filosofía,  de 1959 a 1962; y la teología, de 1962 a 1966.

-         Emitió la profesión temporal el 5 de octubre de 1959, en Granollers, y la profesión solemne el 19 de noviembre de 1963, también en Granollers.

-         Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1966 en Palencia y cantó su primera misa el 3 de julio de 1966 en Fuentenebro.

Ha tenido el siguiente itinerario como fraile al servicio de la Orden de Hermanos Menores Conventuales y de la Iglesia:

-         1967-1976. En Madrid es Vicario Parroquial de la Parroquia “Santa Clara”  y profesor del colegio “San Buenaventura”. Fue muy apreciada su labor dentro del movimiento de los Scouts católicos de la parroquia.

-         1976-1984. Zaragoza.

  • 1976-1978. Rector del Seminario de Zaragoza y Vicemaestro de novicios.
  • 1978-1984. Vicario Parroquial de la parroquia “San Francisco Javier” de Zaragoza.

-         1984-1990. Formó parte de la fraternidad de san Buenaventura apoyando el servicio a la Parroquia “Santa Clara” de Madrid y como Profesor en el colegio “San Buenaventura”.

-         1990-2003. En Palencia ejerció la labor de vicario parroquial de la parroquia “María Reina Inmaculada”.  En esta estancia en Palencia del año 2000 al 2003 fue profesor en el seminario menor de Palencia.

-         En el curso 2003-2004 desempeñó la labor de guardián y párroco de la parroquia “Ntra. Sra. del Rosario”, de Madrid.

-         Del 2004 al 2008 es guardián y párroco de Palencia, en la parroquia “María Reina Inmaculada”.

-         Del 2008 al 2012 es Vicario Parroquial de la parroquia “Ntra. Sra. de los Desamparados” de Sevilla.

-         El cuatrienio 2012-2016 estuvo en la fraternidad del Sacro Convento de Asís en Italia colaborando en la acogida de peregrinos y guía de la basílica, en el ministerio de la confesión y en la bendición de peregrinos.

-         En el año 2013 celebró las bodas de oro de su profesión solemne y en el 2016 ha celebrado los 50 años de la ordenación sacerdotal.

-         Ha formado parte de las Comisiones de Formación y de Misiones de la provincia y ha sido Asistente Provincial de la Milicia de la Inmaculada del año 2000 al 2004.

Hermano que se caracterizó por su cordialidad y mansedumbre, con una especial devoción mariana que le imprimió un trato sencillo y familiar con niños, ancianos, matrimonios y enfermos. Hombre profundamente humilde, como nuestro Padre San Francisco, tuvo una cercanía y un trato bondadoso y afable con toda persona con la que se encontraba.

De especial sentido del humor, fue muy acogedor y un hermano franciscano de profunda oración, siempre dispuesto a orar por los demás.

Al regresar a España en Julio de 2016 finalizando su estancia en el Sacro Convento de Asís pasó a la comunidad de San Buenaventura en Madrid, cuando le fue detectado un cáncer de páncreas. Tras recibir la santa unción falleció en la madrugada del 20 de septiembre de 2016. Su recuerdo permanecerá en nosotros como hermano bueno y piadoso, profundamente devoto de la Virgen Inmaculada. A ella le dedicó amor, entrega y disponibilidad para colaborar en su obra corredentora teniendo como modelo a San Maximiliano María Kolbe. De él aprendió a vivir la consagración diaria al Inmaculado Corazón de María.

Un solo Ave María

 
Un día el Señor le pidió a San Francisco que le diera algo.
 
El santo respondió: "Señor,  no encuentro qué darte que no te haya dado: Todo mi amor"
 
Jesús sonrió y dijo: "Francisco, dámelo de nuevo, y de nuevo me dará la misma alegría."
 
 
Del mismo modo, nuestra querida Madre da la bienvenida a cada Ave María que le proporcionamos con la misma alegría con la que oyó el saludo de la boca del ángel Gabriel en el día de la Anunciación, cuando se convirtió en la Madre del Hijo de Dios.
 
En sus Revelaciones, Santa Gertrudis  dijo que cuando damos gracias a Dios por las gracias que otorga a un santo,  participamos de esa misma gracia.
 
¿Y qué gracias obtenemos cuando rezamos el Ave María, para agradecer a Dios por todas las gracias extraordinarias que Él ha dado a Su Santa Madre?
 
"Un Ave María dicho sin fervor sensible, pero con un deseo genuino en un momento de aridez, tiene mucho más valor que un rosario entero recitado en medio de la consolación", le confió Nuestra Señora a la hermana Benigna Consolata Ferrero (1885- 1916).
 
 
Fuente: aleteia.org

“Padecer con María es padecer con Jesús”

maria jesus1

 

En el corazón del mes de septiembre hemos celebrado las fiestas de la Exaltación de la Santa Cruz y la Virgen de Dolores. Hoy sábado, nos adentramos una vez más en el Inmaculado Corazón de María, para acompañarla en su martirio de dolor a los pies de la Cruz de su Hijo.

Como narra el P. Faber en su libro “Al pie de la Cruz” (1877), (...) María ha padecido más que nadie después de Jesus. La inmensidad de sus dolores no tiene por qué sorprendernos, ni chocarnos; ántes bien, nos parecerá un resultado propio de todo cuanto sabemos acerca del gran misterio de la Encarnación. Medida de los padecimientos de la Madre no será otra sino la grandeza del amor que su Hijo la tiene; así como la profundidad misma de los dolores de la Madre será la mejor medida del amor que Ella profesa al Hijo (pág 16-17).

Faber recuerda en esta obra la opinión de algunos santos sobre los padecimientos de Nuestra Madre, como San Anselmo, que afirmaba que “por grandes que hayan sido las crueldades cometidas con los mártires, poco y aún casi nada valen, comparadas á la crudeza de la pasión de María”. De igual forma, San Bernardino de Siena aseguraba que “si el dolor de la Santísima Virgen se dividiera y se repartiese entre todas las criaturas capaces de padecer, todas ellas perecerían en el acto”.

Como en alguna ocasión hemos señalado, Nuestra Madre Santísima es, “mártir en el alma”, mártir de un modo incomparable a ningún otro. Como relata el P. Faber en este sentido, María ha padecido más que todos los mártires. Su sér todo entero ha sido abrevado de amargura; las espadas que atravesaron su alma, hirieron también todos los nervios y todas las fibras de su cuerpo; y aún pudiéramos decir que aquel cuerpo, exento de culpa y tan admirablemente perfecto, no fue tan delicadamente formado sino para que así padeciese más que todos, excepto el de su Hijo (pág. 22). Así pues, a menudo escuchamos hablar de Nuestra Señora como corredentora: María fue asociada a la Pasion con el fin de que sus dolores se añadiesen á los padecimientos del Salvador, y esto, no indeliberadamente, sino, como sucede en todas las cosas de Dios, con designio real y misterioso. (...) Siendo, como lo es, cierto que de ningún modo podemos considerar separada del Hijo la Madre durante los treinta y tres años de la vida del Salvador, ¿cómo separarlos en el Calvario, donde Dios los juntó por tan singular y maravillosa manera?” (pág.  37).

La corona martirial también estaba reservada para la más Pura, para la más Santa, para la Madre de Dios. Las gracias abundantes son cordilleras de montañas formadas por las ebulliciones subterráneas del dolor –sostiene Faber. - Los mártires tienen coronas que les pertenecen de derecho. ¿Cómo, pues, estas coronas habían de ser negadas a María? ¿No era preciso que el exceso de amor de Jesús fuese para ella exceso también de padecer?...” (pág. 40).

Como tantas veces nos recuerda San Maximiliano María Kolbe, renovemos nuestra consagración a María también hoy. Aprovechemos estos días para contemplar el Calvario, junto a Nuestra Madre. Si nos entregamos a Ella, sin duda hará que nos se pierda ni una de las gracias que emanan de la bendita cruz de su Hijo para cada uno de nosotros. Y como aconseja el P. Faber al final de su libro: Huyamos del mundo y de sus vanidades para refugiarnos á los pies de María, y reclinados hasta el fin de la vida en su regazo maternal, meditemos en sus dolores. Hijos pródigos como somos, ¿qué camino más breve y seguro para restituirnos á la morada del Padre celestial? Padecer con María es padecer con Jesús; no hay estímulo más eficaz para que sirvamos á Dios con mayor abnegación de nosotros mismos y tiernamente le confesemos Eterno Padre; Eterno, porque Padre nuestro es, ¡bendita sea su bondad! por los siglos de los siglos; Eterno, porque hijos suyos y herederos de su gloria ¡bendita sea su Pasión! hemos de ser en bienaventuranza inacabable. Y María es quien debajo de su manto ha de llevarnos á la cumbre infinita.

 

El Rosario, “la espada de cada caballero de la Inmaculada”

san max rosario

 

Celebramos ayer, 7 de octubre, la festividad de Ntra. Sra. del Rosario. Como San Maximiliano María Kolbe nos recuerda, la Santísima Virgen recomienda a menudo esta oración tan poderosa y que tanto le agrada. “Una oración simple y sublime a la vez, que la misma Inmaculada indicó cuando se apareció en Lourdes, es el santo rosario – explica el P. Kolbe. –Que éste se convierta en la espada de cada caballero de la Inmaculada, lo mismo que la medallita es la bala que vence el mal” (EK 1088).

La Madre de Dios reveló al Beato Alano de la Roche que, “después del Santo Sacrificio de la Misa, que es la primera y más viva memoria de la pasión de Jesucristo, no hay devoción más excelente y meritoria que el Rosario, que es como una segunda memoria y representación de la vida y pasión de Jesucristo”. También dijo la Virgen al Beato Alano: “Sabed que, aun cuando hay gran cantidad de indulgencias concedidas a mi Rosario, yo añadiré muchas más por cada parte de él en favor de aquellos que lo recen sin pecado mortal, de rodillas, devotamente; y a quienes perseveren en la devoción del Santo Rosario, en estas condiciones y meditaciones, les conseguiré, en premio de este servicio, la plena remisión de la pena y de la culpa de todos sus pecados al fin de su vida. Y que no te parezca esto increíble; es fácil para mí, pues que yo soy la Madre del Rey de los cielos, que me llama llena de gracia, haré también amplia efusión de ella sobre mis queridos hijos”. (“El Secreto Admirable del Santísimo Rosario”, San Luis María Grignion de Montfort).

Al Beato Alano se le atribuyen también las promesas de la Virgen María para aquellos que recen el Rosario:

1.- El que me sirva, rezando diariamente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.

2.- Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.

3.- El Rosario será un fortísimo escudo de defensa contra el infierno, destruirá los vicios, librará de los pecados y exterminará las herejías.

4.- El Rosario hará germinar las virtudes y también hará que sus devotos obtengan la misericordia divina; sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo al amor por Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. ¡Cuántas almas por este medio se santificarán!

5.- El alma que se encomiende por el Rosario no perecerá.

6.- El que con devoción rezare mi Rosario, considerando misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá muerte desgraciada; se convertirá, si es pecador; perseverará en la gracias, si es justo, y en todo caso será admitido a la vida eterna.

7.- Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin auxilios de la Iglesia.

8.- Quiero que todos los devotos de mi Rosario tengan en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia, y sean partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9.- Libraré pronto del purgatorio a las almas devotas del Rosario.

10.- Los hijos verdaderos de mi Rosario gozarán en el cielo una gloria singular.

11.- Todo lo que se me pidiere por medio del Rosario se alcanzará prontamente.

12.- Socorreré en todas sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13.- Todos los que recen el Rosario tendrán por hermanos en la vida y en la muerte a los bienaventurados del cielo.

14.- Los que rezan mi Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.

15.- La devoción al santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación a la gloria.

 

virgen del rosario y santo domingo

 

Como decía Santa Teresita del Niño Jesús: “con el Rosario se puede alcanzar todo. Según una graciosa comparación, es una larga cadena que une el cielo y la tierra, uno de cuyos extremos está en nuestras manos y el otro en las de la Santísima Virgen. Mientras el Rosario sea rezado, Dios no puede abandonar al mundo, pues esta oración es muy poderosa sobre su Corazón”.

Este mes de octubre, “mes del Rosario”, aprovechemos a profundizar en el reso del Rosario que, como dice San Maximiliano, “alegra mucho a la Inmaculada”. Además, como añade el santo franciscano, “con  esta oración podemos obtener fácilmente grandes gracias y la bendición divina” (EK 1171).

 

“El beso es expresión de amor y engendrador de amor; enciende los corazones; se repiten los besos y auméntase el afecto, y nunca acabarían de darse besos los que de veras se aman. La sucia carne envenena la pureza de un beso; pero los besos del espíritu, esos besos del alma a la purísima Virgen, de que nos habla San Bernardo, pueden repetirse y multiplicarse, multiplicando el afecto del cristiano; el amor mutuo entre María y sus devotos crece al compás de los Rosarios que éstos le rezan”

(Venerable Mons. José Torras y Bages, Obispo de Vic, fallecido en 1916. “El Rosario y su mística filosofía”, 1886, III, p. 20.)

Teresita del Niño Jesús, “Florecilla de la Inmaculada”

Virgen Teresita

 

 

“No me asuste mi gran debilidad, pues todos los tesoros de la madre son también de la hija y yo soy hija tuya, Madre mía querida... ¿Acaso no son mías tus virtudes y tu amor también mío? Así, cuando la pura y blanca Hostia baja a mi corazón, tu Cordero Jesús sueña estar reposando en ti misma, María”. Las palabras de Santa Teresita del Niño Jesús nos acompañan especialmente este sábado 1 de octubre, primer sábado de mes y día de su fiesta. Teresita, que bien pequeña perdió a su madre, encontró en la Santísima Virgen la Madre que, haciéndola toda suya, le daría todos los “tesoros” de su Corazón; entre ellos el más valioso: a su Hijo Jesús. Tal era la filiación con María de esta santa carmelita, que llegaría a decir: “La Santísima Virgen es la Reina del Cielo y la Tierra, pero es más Madre que Reina”.

Ante una grave enfermedad que padecía la pequeña Teresa, la Inmaculada le concedió la gracia extraordinaria de su curación... simplemente con su sonrisa. Esta imagen que acompañaba a nuestra Patrona de las Misiones y de la que obtuvo tan inefable gracia, sería conocida como “la Virgen de la Sonrisa”. En los planes de la Inmaculada estaba que durante unos años aún viviese su “florecilla” en esta tierra... para conquistar con su sacrificio de amor todas las almas posibles.

VirgenSonrisa

San Maximiliano María Kolbe tenía gran devoción a Santa Teresita. A menudo acompañaba sus conferencias con alguna “perlita” espiritual suya. Y es que, el P. Kolbe estaba muy unido a Santa Teresita. Ambos compartían un corazón misionero, que ardía en deseos de conquistar las almas para Jesús a través de María.

San Maximiliano nos desvela las “maquinaciones secretas” (EK 1263) con Santa Teresita. Así, cuenta que antes de su beatificación y canonización, tras haber leído una biografía suya, le dijo: “Yo me comprometo a hacer en cada misa un ‘memento’ (recuerdo en la oración) para tu beatificación y canonización, y tú te ocuparás de mi misión”. “Mientras estaba preparando la primera expedición misionera en el Extremo Oriente –ella ya había sido beatificada y canonizada- estuve en Lisieux y me presenté a la puerta del convento en el que se había hecho santa y donde viven todavía sus tres hermanas, y pedí que se dijese a una de las tres que le comunicase a su santa hermana que yo reivindicaba mis derechos con respecto a Ella, ya que habíamos concluido un pacto y ahora ella estaba ya canonizada y, en cambio, mi misión ¿dónde estaba?... Y poco tiempo después me encontraba en Japón”. Éste es sólo uno de los muchos episodios que acompañaron a San Maximiliano en su comunión con la Patrona de las misiones.

Como él bien decía, ¿de dónde le viene tal “competencia” en las cuestiones misioneras? “¿Acaso realizó durante su vida un apostolado misionero en muchos países paganos? ¿Derramó su sangre como mártir? Ninguna de estas cosas”- asegura Kolbe, recordando que “nunca superó el umbral de su monasterio de Lisieux, en Francia”. Además, recuerda que “a lo largo de su vida no obró milagros, sino que se hizo santa de manera tan sublime en la rutinaria y oscura vida cotidiana.” “Lo que vale, en efecto, no es lo que hacemos, sino el modo de hacerlo, la intención y el amor con que lo realizamos” – subraya.

¿Cuál fue la intención de Santa Teresita? San Maximiliano nos lo revela: “Agradar a Jesús, al Niño Jesús”. “He aquí el amor puro –apunta-. Soportar con amor las pequeñas cruces diarias, trabajar con amor, vivir de amor, ser como un niño pequeño que, con caricias de amor, conquista la benevolencia del corazón de sus padres.”

“Todos pueden y deben ser misioneros como ella” –alega nuestro misionero franciscano. Y, ¿cómo conseguirlo? El P. Kolbe también nos da la fórmula: Como Santa Teresita, que se llama a sí misma “Florecilla de la Inmaculada” y reconoce haber sido educada por Ella, seamos también nosotros florecillas de la Inmaculada, pues “Ella nos enseñará una confianza sin límites en el amor misericordioso de Dios, del que Ella es la personificación”.

 

 

 

 

 

¿Cautivos? ¡Sólo de su Inmaculado Corazón!

 

Mons. Reig Pla: “Maximiliano María Kolbe al presentarse voluntariamente, celebra su última eucaristía asociándose al sacrificio redentor del que muere y resucita para nuestra salvación”

 

merced

 

Hoy, festividad de Nuestra Señora de La Merced, nos acercamos al Corazón de Nuestra Madre con todo nuestro cariño para felicitarla y unirnos en acción de gracias. Según fuentes marianas, el título “Merced” quiere decir, ante todo, “misericordia”. Sus raíces se encuentran en Barcelona, cuando en el siglo XIII, la fe católica de tantos españoles se vio amenazada ante la desesperación ser cautivos de los sarracenos. Apiadándose de los españoles, la Madre de Dios se apareció a San Pedro Nolasco y le pidió que fundara una orden que estaría llamada a liberar a los cristianos. Así surgieron los “mercedarios”, con el apoyo del Rey Jaime I de Aragón, quienes deseaban fervorosamente ser caballeros de la Virgen María y estar al servicio de su obra redentora.

El amor por la Madre de la Merced y su caridad hacia las almas, llevó a muchos de los mercedarios a intercambiar sus vidas por la de los presos y esclavos. Probablemente, el testimonio de estos caballeros de la Virgen nos esté recordando a otro caballero de la Inmaculada que, siglos después, también entregaría su vida por la de otro preso, ofreciéndola hasta el holocausto. Precisamente esta semana, nos lo recuerda el Obispo de Alcalá de Henares, Mons. Juan Antonio Reig Pla, al comienzo de la carta pastoral que ha publicado: “BUSCAD AL SEÑOR Y REVIVIRÁ VUESTRO CORAZÓN (Salmo 68) http://www.obispadoalcala.org/noticiasDEF.php?subaction=showfull&id=1474452573&archive=

Recordando la visita del Santo Padre en la Jornada Mundial de la Juventud al campo de concentración de Auschwiz, Mons. Reig Pla comenta que es una “muestra patente de a dónde puede conducir una sociedad que prescinde de Dios.” “El silencio del Papa Francisco en la celda donde estuvo San Maximiliano María Kolbe es elocuente –señala. - Parece que no tenemos palabras para expresar tanto sufrimiento de inocentes, tanta locura de quienes ordenaban y permitían tantos crímenes. Sin embargo, ante el respeto del silencio emergen las figuras de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, judía conversa al cristianismo y San Maximiliano María Kolbe, el apóstol de la Inmaculada.”

El Obispo de Alcalá explica que “Maximiliano María Kolbe, convencido de la resurrección, se intercambia voluntariamente por un padre de familia sentenciado a muerte.” Así, destaca de este “apóstol de la Inmaculada el gesto del amor victorioso.” Remarca que “sólo el amor es más poderoso que la muerte. El amor que nace de la gracia de la redención. El amor que es capaz de ofrecerse en sacrificio asociado a la muerte y resurrección de Cristo.” “Maximiliano María Kolbe al presentarse voluntariamente, celebra su última eucaristía asociándose al sacrificio redentor del que muere y resucita para nuestra salvación. Como María, Inmaculada en su concepción, él no teme ponerse al pie de la cruz. Acepta la inmolación con la esperanza puesta en el cielo, la verdadera justicia de Dios. Sin resurrección de la carne, sin el cielo no habría verdadera justicia. Por eso ante la ignominia del campo de exterminio, escuchando el grito de los inocentes llevados a la muerte, sólo se puede escuchar una palabra: resurrección y cielo; vida eterna en plenitud de gozo junto a Dios. Todas las demás palabras resultan incapaces de responder ante la magnitud del exterminio. De donde se desprende que sólo la misericordia de Dios puede salvar al mundo”- asegura Reig Pla.

Pidámosle a Nuestra Señora de la Merced que siga liberándonos de tantas prisiones que nos ofrece el mundo y de los campos de exterminio en el que mueren tantos inocentes. Que en estos tiempos en que multitudes de cristianos son perseguidos, Ella siga siendo su consuelo, su refugio y su fortaleza. Y renovemos nuestra consagración a la Inmaculada, para que Ella nos libere de todo mal en nosotros y nos haga cautivos sólo de su Inmaculado Corazón.

 

¿Qué puedo desearte, Madre Celeste...?

Maria cumpleanos

 

A sólo dos días de haber celebrado la dulcísima Natividad de la Virgen María, todavía se alegran nuestros corazones con un gozo especial en la octava de esta fiesta tan importante. Día de luz, día de esperanza, día en que el Cielo nos trajo el mayor don que nuestra razón jamás podrá comprender... Y es que la Tierra entera aquel día, glorificaría a Dios con la venida al mundo de aquella tiernísima Niñita, tesoro de sus santos padres, que tanto la habían anhelado, y de toda la humanidad: MARÍA. Y con María... todo. Como Aurora que precede la Luz, en su seno virginal concebiría a Nuestro Salvador. Así lo quiso Dios: su Hijo Jesús, que vendría a redimirnos, vendría por María, la criatura más bella y más santa, Jardín adornado con las virtudes más excelsas. Inmaculada Concebida, Paraíso de Dios, Sagrario Escogido, Esposa del Espíritu Santo, Delicia de la Trinidad Santísima, Llena de Gracia... Todo nombre nos parece poco para dirigirnos a Quien estaba destinada desde la Eternidad a ser: Madre de Dios. Y en su infinita bondad... el mismo Dios ha querido que sea Madre Nuestra también. Por eso... aún merecedora de todos los honores, Ella es feliz cuando, sencillamente acudimos a Ella como Madre. Como decía Santa Teresita del Niño Jesús: Ella es la Reina del Cielo y la Tierra, pero es más Madre que Reina.

El Santo Cura de Ars afirmaba que el Corazón de María es tan tierno para nosotros, que los de todas las madres reunidas, no son más que un pedazo de hielo al lado suyo... El corazón de la Santísima Virgen es la fuente de la que Jesús tomó la sangre con que nos rescató. Por eso, como la más tierna de las Madres, la Santísima Virgen nos sigue esperando para albergarnos en su Inmaculado Corazón, hacernos cada día más suyos y llevarnos “por su camino”, que sin duda es el mejor, hasta su Hijo Jesús. No apartemos nuestra mirada de la Suya, no desoigamos lo que nos susurra en nuestro corazón. Y, puesto que habiéndole entregado todo, Ella se ocupa del modo más perfecto de todos nuestros asuntos, ocupémonos nosotros de Ella: de orar por sus intenciones, de ayudarla en la salvación de las almas, de consolarla, de amarla...

Ofrezcamos a la Inmaculada los mejores deseos de nuestro corazón para regalarle en estos días de octava de su cumpleaños, lo que más feliz le pueda hacer como Madre. San Maximiliano María Kolbe solía celebrar de un modo especial esta festividad, tomemos como ejemplo aquella carta que dedicó “A la Mamá celeste en el día de su onomástica”, en 1932 (EK 1165):

¿Qué debo desear para  ti, qué puedo desearte?

Quisiera recoger los más dulces deseos, en lo posible, para que te pongas contenta; pero no sé qué ni cómo, y... me quedo mudo...

Oh María Inmaculada, deseo para ti, y tú sabes que te lo deseo de corazón, de todo corazón, todo lo que tú misma deseas; Te deseo todo lo que te desea hoy Jesús, tu divino Hijo, tu Hijo verdadero que te ama infinitamente; Te deseo lo que te desea tu divino y virginal Esposo, el Espíritu Santo; te deseo lo que el Padre celeste y toda la Sma. Trinidad te desea.

¿Qué más debo desearte, oh Madre mía, toda mi esperanza? Te deseo todo lo que mi pobre corazón, con tu ayuda, consigue, puede conseguir o podría conseguir desearte...

¿Qué más desearte, oh Señora, Señora del cielo y de la tierra, oh Madre del mismo Dios?

Lo que te digo es muy poco, muy limitado, pero a ti te agrada: Te deseo que tomes posesión de mí lo más pronto posible y de la manera más perfecta, y que lo mismo pueda yo hacer contigo. Que yo sea verdaderamente tuyo lo antes posible, sin límites, sin condiciones, irrevocablemente, para siempre, y tú mía.

Y además te deseo que tomes posesión, del mismo modo, de cada corazón que late en la tierra, en todo el universo, y eso cuanto antes, lo antes posible; igualmente te deseo que tomes posesión de los corazones de todos y cada uno de aquellos que vivirán en el futuro, y eso desde el inicio de su existencia y para siempre.” ¿Qué más?... No sé...

M.K.

“¿Qué más?”... Quizá ese “más” hemos de completarlo cada uno de nosotros. Tal vez hoy, nosotros, seamos mílites de la Inmaculada por esta súplica que en su día hizo el P. Kolbe, en su deseo a María de que “tomes posesión de los corazones de todos y cada uno de aquellos que vivirán en el futuro, y eso desde el inicio de su existencia y para siempre.” Como un sacerdote dijo en cierta ocasión: “somos fruto de una oración”. Pidamos esta gracia a Nuestra Madre Santísima, que como San Maximiliano podamos ofrecerle nuestra vida sin límites y que, a través de estos pobres instrumentos suyos que somos, Ella pueda tomar posesión y reinar en todos los corazones de la tierra.