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Santidad franciscana

Transcribimos el artículo de nuestro Asistente Nacional, Fr. Abel García-Cezón OFMConv, dedicado a los santos que siguieron la llamada de San Francisco de Asís (incluyendo los fundadores de la M.I.), publicado en el número de diciembre de 2017 de la revista Antena Conventual.

SANTIDAD FRANCISCANA

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Cada año, el 29 de noviembre, toda la “familia franciscana” celebra en una sola fiesta a todos sus santos y beatos. ¡Son una verdadera multitud, de toda clase y condición! De ayer (los primeros son del siglo XIII) y de hoy (los últimos son de nuestros días). Gozaban de lo pequeño, pero su corazón se alimentaba con la alegría y el amor que no pasan nunca, que no caducan. Amaban sin cálculos, dispuestos incluso a dar la vida: su secreto era que se habían abandonado como niños en las manos de Dios. Su vida “sabe a evangelio” y sus obras “desprenden el buen olor de Cristo”. Hijos y hermanos de san Francisco y santa Clara de Asís, con quienes aprendieron a ser verdaderos amigos de Dios. Algunos realizaron cosas extraordinarias. Otros no. Lo más importante es que todos hicieron de Cristo el centro de su vida, fueron artesanos de paz y bien en el ambiente (a veces nada fácil) que les tocó vivir y practicaron la misericordia con los pobres, hambrientos, sedientos, desnudos, sin techo, doloridos, etc.

            Celebramos a todos ellos el 29 de noviembre porque en ese día del año 1223, Francisco y sus primeros hermanos recibieron la aprobación definitiva de la Regla, de la “forma de vida” que abrazaron. Y que seguimos abrazando ocho siglos después, por eso cada año los frailes renovamos la profesión en el marco de esta hermosa fiesta. El pergamino original de la Regla se conserva en Asís, en la capilla de las reliquias de la basílica de san Francisco. El testimonio luminoso de tantos hermanos y hermanas nuestros nos recuerda que la santidad franciscana no es algo del pasado ni un itinerario para unos pocos ni el privilegio de una élite... Es un camino siempre abierto para quien se decida a recorrerlo, una llamada siempre nueva para quien quiera escucharla y acogerla.

            Hemos de vencer el miedo y los complejos que muchas veces nos impiden “querer” ser santos y proponer como alternativa real la vida de tantos hombres y mujeres, de los pies a la cabeza y nada ñoños (¿es san Francisco un ñoño? ¿O madre Teresa?), en los que vemos la victoria del amor sobre el egoísmo y el mal, sobre aquello que desfigura y afea la belleza de lo que realmente somos por el bautismo, sobre la “globalización de la indiferencia” (pensemos en el padre Kolbe, que dio su vida por un solo hombre y además desconocido), sobre la muerte como horizonte trágico y fatal de nuestra vida. Los santos son los verdaderos dichosos, benditos, felices, porque han acertado con el secreto de la vida al haberse “aferrado” a Cristo, el Hijo amado de Dios, amando lo que Él amó, como Él amó, a los que Él amó. ¡Así encontraron la felicidad que nadie pudo arrebatarles! En Cristo y en su evangelio está la respuesta a nuestras búsquedas: ¿A cuántas personas se lo hemos dicho? ¿A cuántos jóvenes se lo hemos hecho ver o palpar, con nuestra vida auténticamente cristiana? 

Lourdes: Misterio de Amor

Hoy celebrabamos la Virgen de Lourdes
 

 
Lo que acontenció en esa pequeña gruta de un recóndito y sencillo pueblo de los pirineos franceses hace ya 160 años, el 11de febrero de 1858, entre una pequeña y humilde niña y la Madre de Dios siempre excederá nuestro asombro. Lourdes siempre será un misterio.Y un misterio de Amor de Dios con los hombres.
 
Un misterio que sólo puede ser contemplado con los ojos del Evangelio "... porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla” (Mt.11,25-30). En este caso a una humilde niña de 14 años de nombre Bernadette, nuestra querida Santa Bernadette.
 
 
El cielo y la tierra se tocaron 16 veces entre nuestra pequeña Bernadette y la "Señora", como ella la llamaba. Hasta que en el último encuentro y aparición, la décimosexta; la "Señora" le desveló su nombre. El nombre que sacó a la luz el misterio insondable que desde todas las generaciones los cristianos habían creido en él, pero que sólo hasta 4 años atrás de esa 1ª aparición, se definió como dogma por Pio IX el 8 de diciembre:
 
"...declaramos, proclamamos y definimos
que la doctrina que sostiene
que la beatísima Virgen María
fue reservada inmune de toda mancha de la culpa original
en el primer instante de su concepción
por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente,
en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano,
está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."
 
 
En ese último encuentro, el mismo dia en que celebramos la Anunciación del Señor, un 25 de marzo de 1858, la hermosa "Señora" le dijo dulcemente a Bernadette:
 
"Yo Soy La Inmaculada Concepción"
 

 
 
El misterio de Lourdes quedó desvelado y con él uno de los misterios de Amor de Dios con los hombres a través de su más hermosa y perfecta criatura: La bendita e Inmaculada Virgen María.
 
San Maximiliano Kolbe peregrinó al Santuario de Lourdes en 1930. Después de aquella visita diría: "Las palabras humanas no pueden describir a Aquella que llegó a ser verdadera Madre de Dios. A decir verdad Ella, por sí misma, es sólo una criatura, y sin embargo es un ser tan elevado por Dios que sería necesario comprender quién es Dios para comprender quién es la Madre de Dios. Ella es verdadera Madre de Dios. Es dogma de fe. Aunque la dignidad de la Maternidad divina constituya la razón principal de todos sus privilegios, la primera gracia que Ella recibió de Dios fue su Inmaculada Concepción, la exención de cualquier mancha, hasta el pecado original, desde el primer instante de su existencia. Este privilegio, además, debe serle muy grato, si Ella misma en Lourdes se llamó "Yo soy la Inmaculada Concepción" (EK 1292)
 

 
Hoy dia de la Virgen de Lourdes, y también dia del enfermo, - hermanos que sufren pegados a la Cruz de nuestro Señor -, dejémonos iluminar, para amar más a la Virgen de Lourdes, por las palabras de San Juan Pablo II, cuando ya viejo y muy enfermo visitó por última vez la gruta de Lourdes, meses antes de morir.
 
 
 
ALOCUCIÓN DEL PAPA SAN JUAN PABLO II AL INICIO DEL ROSARIO EN LA GRUTA DE LOURDES
Sábado 14 de agosto de 2004

"Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Al arrodillarme aquí, en la gruta de Massabielle, siento con emoción que he llegado a la meta de mi peregrinación. Esta gruta, donde se apareció la Virgen María, es el corazón de Lourdes. Hace pensar en la cueva del monte Horeb, donde Elías se encontró con el Señor, que le habló en el "susurro de una brisa suave" (1 R 19, 12).Aquí la Virgen invitó a Bernardita a rezar el rosario, desgranando ella misma las cuentas. Así, esta gruta se ha convertido en la cátedra de una sorprendente escuela de oración, en la que María enseña a todos a contemplar con ardiente amor el rostro de Cristo. Por eso, Lourdes es el lugar donde oran de rodillas los creyentes de Francia y de muchas otras naciones de Europa y del mundo entero.
2. Esta tarde, también nosotros, peregrinos en Lourdes, queremos recorrer de nuevo, orando juntamente con la Virgen, los "misterios" en los que Jesús se manifiesta "como luz del mundo". Recordemos su promesa: "El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12). Queremos aprender de la humilde esclava del Señor la disponibilidad dócil a la escucha y el esfuerzo generoso por acoger en nuestra vida la enseñanza de Cristo.En particular, meditando en la participación de la Madre del Señor en la misión redentora de su Hijo, os invito a orar por las vocaciones al sacerdocio y a la virginidad por el reino de Dios, a fin de que los que han sido llamados respondan con disponibilidad y perseverancia.
3. Contemplando a la santísima Virgen María, digamos con Bernardita: "Mi buena Madre, ten misericordia de mí; me entrego totalmente a ti, para que me des a tu Hijo querido, al que quiero amar con todo mi corazón. Mi buena Madre, dame un corazón que arda completamente por Jesús".
 
ORACIÓN DE SAN JUAN PABLO II AL FINAL DEL SANTO ROSARIO
¡Dios te salve, María,
mujer pobre y humilde
bendecida por el Altísimo!
Virgen de la esperanza,
profecía de los tiempos nuevos,
nos asociamos a tu cántico de alabanza
para celebrar las misericordias del Señor,
para anunciar la venida del Reino
y la liberación total del hombre.

¡Dios te salve, María,
humilde esclava del Señor,
gloriosa Madre de Cristo!
Virgen fiel,
morada santa del Verbo,
enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,
y a ser dóciles a la voz del Espíritu,
atentos a sus sugerencias
en la intimidad de nuestra conciencia
y a sus manifestaciones
en los acontecimientos de la historia.

¡Dios te salve, María,
mujer de dolor,
Madre de los vivientes!
Virgen esposa al pie de la cruz,
nueva Eva,
sé nuestra guía por las sendas del mundo;
enséñanos a vivir
y a difundir el amor de Cristo;
enséñanos a estar contigo
al pie de las innumerables cruces
en las que tu Hijo se encuentra aún crucificado.

¡Dios te salve, María,
mujer de fe,
la primera de los discípulos!
Virgen, Madre de la Iglesia,
ayúdanos a dar siempre razón
de nuestra esperanza,
confiando en la bondad del hombre
y en el amor del Padre.
Enséñanos a construir el mundo desde dentro:
en la profundidad del silencio y de la oración,
en la alegría del amor fraterno,
en la fecundidad insustituible de la cruz.

Santa María, Madre de los creyentes
Nuestra Señora de Lourdes,
ruega por nosotros.

Amén.
 
¡ Virgen Inmaculada y de Lourdes y Santa Bernadette, rogad por nosotros !
 

Consagración diaria a La Inmaculada - Febrero 2018

Como cada comienzo de mes os dejamos la oración de Consagración diaria a La Inmaculada, esta vez del mes de Febrero.

La intención de la M.I. para este mes:

"Para que el ejemplo de San Maximiliano

ayude a la M. I y a cada creyente

a buscar siempre más nuevos caminos

de evangelización."

 

El sueño de Kolbe: la Milicia de la Inmaculada

Transcribimos el artículo de nuestro Asistente Nacional, Fr. Abel García-Cezón OFMConv, dedicado al Centenario de la Milicia de la Inmaculada, publicado en el número de septiembre de 2017 de la revista Antena Conventual.

Acta fundacional MI 1917

 

“EL SUEŇO DE KOLBE: LA MILICIA DE LA INMACULADA”

Cien años de su fundación: 1917-2017

Estamos viviendo un año de gracia y de especial ternura materna en toda la Iglesia al cumplirse el primer centenario de las apariciones de la santísima Virgen en Fátima; y también en la Milicia de la Inmaculada (MI), al cumplirse igualmente cien años de su fundación y misión. Una feliz y providencial coincidencia que sin duda alguna encierra una profecía luminosa para nuestros días. Algunos autores hablan de que la asociación mariana (la Milicia de Ia Inmaculada) representaría la “misteriosa” respuesta de Kolbe y del resto de hermanos fundadores a la petición de la Virgen en Fátima (apariciones que no conocían en ese momento). Frente a la guerra, la tiranía de las ideologías, la devastación moral y la propagación del mal (a veces bajo capa de bien), fray Maximiliano y el resto de fundadores intuyen que hay un remedio: la Inmaculada y, junto a ella, un gran movimiento eclesial de espiritualidad mariana y misionera, una “milicia”, para indicar que hay un combate que librar por el bien, por la belleza, por el amor, por la santidad. Celebrar este doble centenario mariano supone vislumbrar en nuestra vida de cada día, a veces marcada por luchas, preocupaciones y sufrimientos, un signo de esperanza cierta que sabe a victoria, a triunfo (¡no a ilusión o a quimera!), para nosotros y para nuestro mundo, tan condicionado en nuestros días por la desesperanza, el miedo y la incertidumbre: “Al final, mi corazón inmaculado triunfará” (Apariciones en Fátima). Este es un año para mirar a María y para acogerla en nuestra casa, en nuestra vida (cf. Jn 19, 27). Ella, como miembro entrañable y sublime de la Iglesia, contiene en sí misma nuestro destino. Su “sí” a Dios, en cada momento de su vida, fue en cierto modo en nombre de todos nosotros. El “sí” de Dios a ella, glorificándola y haciéndola mediadora de todas las gracias, es también un “sí” a todos nosotros: nos señala el destino que Dios ha preparado para los que lo aman (cf. 1Cor 2, 9). En palabras del padre Kolbe, “ella es la omnipotencia suplicante. Toda conversión y toda santificación es obra de la gracia y ella es la mediadora de todas las gracias”. Con toda la Iglesia también nosotros “creemos que la santísima Madre de Dios, Nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos” (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios). La verdadera misión de los miembros de la MI es ser humildes colaboradores en esta obra maravillosa con una vida cristiana “de altura”, con el ofrecimiento diario, con su ardor apostólico, con su caridad creativa siempre de la mano de María (“milagros de amor” los llamaba san Maximiliano). “¿Queréis ofreceros a Dios?”, pidió la Virgen a los pastorcitos de Fátima; a lo que ellos respondieron sin dudar: “Sí, queremos”.

La Milicia de la Inmaculada no es algo del pasado, como una especie de institución con regusto decimonónico que poco o nada tiene que ver con nuestra sensibilidad de hoy (pensemos, por ejemplo, en su gran vitalidad en Brasil, en USA, en Polonia, en Italia, etc.). El padre Kolbe y los fundadores de la MI, bajo la guía de la Inmaculada, supieron hablar a sus contemporáneos y hacerse comprender; supieron ser fieles a Dios y al hombre en el momento histórico que les tocó vivir. Los miembros de la MI están llamados a seguir este mismo camino, aun conscientes de las dificultades que entraña en nuestra sociedad. Por eso es importante que aprovechemos este centenario para conocer más la MI, para seguir con el proceso de revitaliación en España y dar vida a nuevas células en nuestras casas de la Provincia o fuera de ellas. En definitiva: para infundir el amor a María Inmaculada, tan propio de nuestra tradición franciscana, como nos sugiere san Maximiliano, invocando a María, aprendiendo de ella y dejando que nos guíe dócilmente por el camino de la fe, de la esperanza y del amor. “Mira a tu madre, ten los ojos fijos en ella para ser como ella, para ser ella misma quien hable, reciba, ofrezca y se done porque el hombre se convierte en lo que contempla, se convierte en lo que ama... Ella no es capaz de abandonar a ninguno de sus hijos” (cf. San Maximiliano M. Kolbe).

Formar parte de la MI por la consagración a la Inmaculada compromete más profundamente en la realidad en la que se vive. La esperanza del triunfo del corazón inmaculado de María hace vivir en la tierra con toda dedicación, entrega y solicitud, aprovechando toda circunstancia, y al mismo tiempo con una actitud de total desprendimiento, como enseñaba san Francisco a sus hermanos. El “combate por el bien” que intuyó san Maximiliano hace 100 años sigue abierto y la tarea es ingente. El padre Kolbe, desde la celda del amor de Auschwitz, nos asegura que con la Inmaculada se puede vencer la oscura fascinación del mal y vivir la plenitud de la caridad, que es lo que nos hace felices de verdad. En palabras del beato Juan Duns Escoto, franciscano escocés y gran defensor de la Inmaculada Concepción: El amor, la caridad, fue el inicio de todo, así también sólo en el amor y en la caridad estará nuestra felicidad, es decir, la vida dichosa, perfecta y eterna.

Formar parte de la MI es muy sencillo. Consiste en cuidar mucho nuestra vida espiritual: la oración personal cotidiana (ojalá con algunos ratos de meditación de la Palabra de Dios, el rezo de alguna hora litúrgica -quizás en común-, la adoración o las visitas al Santísimo...), la eucaristía diaria o frecuente, la confesión mensual, la consagración diaria, el rezo del rosario y de jaculatorias, la lectura espiritual, etc. “El único deseo de la Inmaculada es elevar el nivel de nuestra vida espiritual hasta las cimas de la santidad” (S. Maximiliano M. Kolbe); cuidar mucho a aquellos que nos han sido confiados según nuestra vocación, especialmente a nuestras familias y el mundo del trabajo. ¡No olvidemos que el ofrecimiento del padre Kolbe fue por un padre de familia y su apostolado había de llegar a todos los ámbitos de la sociedad! Cuidar los pequeños milagros de amor que pueden ir transformando el mundo entero en una enorme “Ciudad de la Inmaculada”, ¡el triunfo de su corazón!, y también las obras escondidas de compasión y de misericordia, decisivas para el día del juicio final (cf. Mt 25). Cuidar, finalmente, el apostolado, por pequeño que sea (la difusión de la medalla milagrosa, por ejemplo), nuestro grupo local de la MI o el vínculo con el centro nacional.

Soñemos también nosotros, como el padre Kolbe, con que es posible la victoria del amor, ¡una vida de belleza y santidad! Para ello, “dejemos que la Inmaculada disponga totalmente de nosotros, a fin de que en sus manos inmaculadas y misericordiosas nos convirtamos en instrumentos útiles para el bien de nuestros hermanos” (S. Maximiliano Kolbe).

ORACION DEL CENTENARIO

¡En tus manos, Virgen Inmaculada! ¡Alabanza a ti, Virgen Inmaculada! Tú has sido la luzy el alma de la Milicia de la Inmaculada en sus primeros cien años de vida. Para seguir fielmente a Cristo, como san Maximiliano Kolbe, hemos contemplado tus espléndidas virtudes. En ti hemos encontrado la fuerza para amar y hemos llevado a todas partes la caridad de tu Hijo. Tú eres también el ancla de consolación en las pruebas de nuestra vida, eres luz en nuestra obra de evangelización, eres fuerza en nuestro itinerario de fe, de unión con el Señor y de seguimiento. En tus manos ponemos, también hoy, el camino de la M.I. presente en cualquier parte del mundo, para que pueda llevar el amor del Señor a los hombres y la belleza de tu presencia premurosa y materna. Que su apostolado pueda transmitir a los hermanos la misericordia de Dios, representada también en tus tiernos cuidados hacia toda criatura. Nos dejamos conducir por ti, Madre dulcísima, seguros de que, con tu protección, viviremos según la voluntad de Dios.  El centenario de la M.I. nos lleva a ser apóstoles intrépidos del Reino  y a experimentar que tú nos sostienes en nuestra misión eclesial.

LA MILICIA DE LA INMACULADA

La Milicia de la Inmaculada es una Asociación Internacional de Fieles Católicos fundada por san Maximiliano María Kolbe y otros 6 frailes franciscanos conventuales en Roma hace 100 años. Fue concebida como un camino o escuela de santidad que busca “ganar el mundo entero y cada alma para el Corazón de Cristo”, orando, trabajando y ofreciendo la propia vida y el propio apostolado a la Inmaculada. ¿Por qué fue fundada? En 1917 la masonería festeja en Roma el segundo centenario de su fundación. Se ven por doquier banderas y pancartas que representan a san Miguel vencido y derribado por Lucifer; en la plaza de San Pedro se escucha el cántico: “¡Satán tendrá que reinar en el Vaticano, el Papa formará parte de su guardia suiza!” El joven fray Maximiliano se encuentra en ese momento estudiando en Roma. Frente a las amenazadoras demostraciones contra la Iglesia, nuestro santo se pregunta: “¿Será posible que nuestros enemigos desplieguen tantas actividades para dominarnos, mientras que nosotros nos quedamos ociosos, abocados a lo sumo a rezar, sin pasar a la acción? ¿Acaso no tenemos armas más poderosas, siendo que podemos contar con el Cielo y la Inmaculada?” Asimismo en 1917 se celebra en Roma otro aniversario, día de victoria de la Virgen: la conversión fulgurante del judío Alfonso Ratisbonne. A partir de estos hechos, san Maximiliano concibe la institución de la Militia Immaculatæ que tomará como signo de adhesión y de protección de sus “caballeros o mílites” la Medalla Milagrosa. En la noche del 16 de octubre de 1917, junto a seis hermanos, funda la Milicia de la Inmaculada. Hoy la M.I. está presente en 46 países de los 5 continentes. Cuenta con unas 500 sedes locales y unos 4.000.000 de inscritos. Hay países donde goza de mucha vitalidad, como en Polonia, Italia, Brasil, USA, Luxemburgo… Otros donde está naciendo y otros donde está renaciendo, como en España o en Inglaterra.

Fechas destacadas:

7-10-2017: Celebración del centenario de la MI en Madrid, parroquia de Ntra. Sra. del Rosario.

16/18-10-2017: Triduo celebrativo del centenario de la fundación de la MI en Roma.

Consagración diaria a la Inmaculada 2018

Adjuntamos en archivo pdf la hoja con la consagración diaria a La Inmaculada, en el espíritu kolbiano, con las intenciones de la Milicia de la Inmaculada que ha preparado el Consejo Internacional de la M.I. para cada mes de este Año del Señor 2018:

Intenciones M.I. 2018

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El camino de la M.I.: evangelización en comunión.



ENERO
Para que en todo el mundo la M.I. sea signo de unidad y de fraternidad. 

FEBRERO
Para que el ejemplo de San Maximiliano ayude a la M. I y a cada creyente a buscar siempre más nuevos caminos de evangelización. 

MARZO
Para que la M.I. actúe como una única familia en la cual reinen el amor y la alegría. 

ABRIL
Para que el espíritu misionero de la M.I. tenga una base sólida de comunión. 

MAYO
Para que el ejemplo de María ayude a cada cristiano en el seguimiento del Señor y en la evangelización. 

JUNIO
Para que en cada ambiente y en cada nación, la M.I. sepa expresar la propia vocación misionera. 

JULIO
Para quien se inspire en San Maximiliano: “siembre” en todo lugar el “amor creativo” que él ha donado. 

AGOSTO
Para que animados del ejemplo de San Maximiliano reine en cada corazón el deseo de dar todo por Cristo. 

SEPTIEMBRE
Para que, con la creatividad de Kolbe, transmitamos la fuerza del Evangelio en todo lugar. 

OCTUBRE
Para que la oración sea fuente de unidad y de misión en la M.I, y en toda la Iglesia. 

NOVIEMBRE
Para que la vida de la M.I. sea un continuo llamado a la santidad para cada hombre. 

DICIEMBRE
Para que la M.I. sepa transmitir en todo lugar la belleza y la importancia de la maternidad de María hacia cada hombre. 

Adjuntos:
Descargar este archivo (Hoja suelta_MI_2018.pdf)Consagracion diaria 2018[ ]737 kB

No olvidéis el amor

Transcribimos el artículo de nuestro Asistente Nacional, Fr. Abel García-Cezón OFMConv, sobre el holocausto San Maximiliano Kolbe en Auschwitz, publicado en el número de septiembre de 2017 de la revista Antena Conventual.

“NO OLVIDÉIS EL AMOR”

St. Maximilian Kolbe

Hay vidas e historias memorables a las que merece la pena volver con frecuencia, porque sugieren pequeñas o grandes victorias del amor sobre el miedo, el odio y la sinrazón cuando todo parecía perdido. Sin duda, una de ellas es la del padre Maximiliano María Kolbe, franciscano conventual polaco, fundador de la Milicia de la Inmaculada (Asociación Internacional de Fieles Católicospresente en 46 países, también en España) y de varias “Ciudades de la Inmaculada”, entre ellas Niepokalanów, cerca de Varsovia, con más de 700 frailes entregados al trabajo apostólico utilizando los medios más modernos: prensa, radio, cine… El 14 de agosto de 1941 moría en el campo de concentración de Auschwitz, donde había llegado el 28 de mayo de ese mismo año tras haber pasado varios meses entre torturas y palizas de la Gestapo en la cárcel Pawiak de Varsovia, lugar que “hacía helar la sangre”. Cuando llega al campo se le asigna el número 16.670, desempeñando, como casi todos los sacerdotes católicos, los trabajos más duros a nivel moral, como, por ejemplo, sacar los cuerpos de las cámaras de gas y llevarlos en carretillas a los hornos.

La historia es bien conocida. A finales de julio un prisionero se escapa del campo. Como represalia, el temible comandante Fritsch elige al azar diez compañeros del mismo bloque, condenándolos a morir de hambre y de sed. En medio del estupor de todos los prisioneros y hasta de los mismos nazis, el padre Maximiliano se ofrece a sustituir a uno de los condenados, el sargento polaco Francisco Gajowniczek: “Soy un sacerdote católico, estoy ya viejo. Querría ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos”. Gestos como este, según supervivientes de los campos, no abundaban.  

La caravana de la muerte se pone en marcha. El padre Maximiliano desciende con los otros nueve prisioneros al sótano del bloque 11, “la prisión dentro de la prisión”, donde se aplicaban los castigos más infames. Comienza la lenta agonía, pero esta vez algo no cuadra… En aquella celda, tal y como contaron los guardias, no se escuchaban gritos desgarradores de desesperación y de dolor como otras veces, sino cantos de alabanza, palabras de consuelo, susurros de oraciones. Entre los horrores infernales de Auschwitz, paradigma de todo sistema de desprecio y de odio hacia el hombre y hacia lo que de divino existe en él (Juan Pablo II), brilló una llama de amor, una luz de esperanza y la grandeza de una vocación que llegaba a su culmen como había nacido: bajo el cobijo de la Inmaculada Madre de Dios. Los días pasan y el padre Kolbe, a pesar de su maltrecha salud, permanece inquebrantable al pie de la cruz, junto a su querida Madre del cielo. Había llegado el momento de ceñirse la corona roja que Ella le había ofrecido siendo niño. Uno tras otro los prisioneros fallecen, consolados, abrazados y bendecidos por un santo. Finalmente, el 14 de agosto, una inyección de ácido fénico termina con su vida terrena. Al día siguiente, su cuerpo es quemado en el horno y sus cenizas esparcidas al viento. Humanamente hablando: Un rotundo fracaso, una derrota del mal sobre el bien. Sin embargo, el padre Kolbe no murió, “dio la vida por el hermano”, como afirmó el Papa san Juan Pablo II en su canonización. O en palabras de Kierkegaard, “el tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza”.

El amor vence. Vence siempre. Es así que comprendemos la muerte de san Maximiliano María Kolbe, mártir de la caridad, es decir, ¡testigo del amor más grande! “No olvidéis el amor”, había dicho a sus hermanos antes de dejar Niepokalanów camino de la prisión. Acosado, sí, pero no desesperado; perseguido, sí, pero no abandonado; derribado, sí, pero no vencido  (cf. 2Corintios 4, 7), porque entregó su vida por amor. Y “el amor es más fuerte que la muerte” (Cant 8, 6). 

Peregrinación a París y Lisieux

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La Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Batán (Madrid), sede de la Milicia de la Inmaculada, organiza los días 5-12 de mayo de 2018 una peregrinación a París, Chartres, Lisieux y Reims. Acompañará la peregrinación nuestro Asistente Nacional, fr. Abel García-Cezón. 

Se visitarán templos visitados por el propio San Maximiliano como Rue du Bac y Lisieux, así como otros muy representativos de la cristiandad francesa.

rue du bac 

Adjuntamos programa de la peregrinación y las informaciones necesarias para las inscripciones. 

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