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Celebraciones del centenario de la ordenación sacerdotal de San Maximiliano en Roma

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El Centro Internacional de la MI ha preparado un programa especial para celebrar en Roma el centenario de la ordenación sacerdotal de San Maximiliano Kolbe (28.04.1918) y de la primera misa (29.04.1918).

Así, el 28 de abril de 2018, a las 17h, tendrá lugar en la basílica de Sant'Andrea della Valle una Santa Misa en recuerdo del centenario de la ordenación sacerdotal de San Maximiliano. 

Al día siguiente, 29 de abril de 2018, a las 17h, se celebrará una Santa Misa en la basílica de Sant'Andrea delle Fratte, para conmemorar el 100º aniversario de la primera misa del p. Kolbe. 

Aquí se puede visionar el vídeo del Presidente Internacional de la MI invitando a participar en estas gozosas celebraciones. 

 

San José: el primer Caballero de la Inmaculada

Sancte Ioseph

Como todos los santos, también el Padre Maximiliano María Kolbe profesó singular devoción a San José, el Esposo de la Santísima Virgen María, viendo en él un prototipo de un Caballero de la Inmaculada, completamente dedicado a la vocación recibida por el querer de Dios como Custodio de la Sagrada Familia. En breves palabras, para el Santo de Niepokalanów, San José es un hombre entregado íntegramente a la Inmaculada, plenamente obediente a Dios. He aquí algunas citas que nos ha dejado San Maximiliano en sus conferencias, dedicadas al Nuestro Padre y Señor San José.

Los santos no hicieron otra cosa que reproducir la vida de Jesús. Cuando mejor refleja una persona en sí la imagen del Salvador, tanto mayor es su santificación. Por eso la imitación de Jesús es nuestra tarea. Jesús, durante treinta años, llevó una vida oculta y obedeció a su Santísima Madre y a San José (Lc 2,51). Cuando San José falleció y quedó la Madre Santísima, Jesús le fue obediente. Este es nuestro "amén", ser obedientes a la Santísima Madre (Conferencia de 28 de agosto de 1933).

En cambio, la voluntad divina es infinita e infalible. Y el que más puede hacer por la causa de la Inmaculada es aquél que cumple de la manera más perfecta la voluntad de Dios. Diré algo más: aquél que cumple a la perfección la voluntad de Dios puede afirmar sin reservas que hace tanto, que el Dios todopoderoso e infinito no podría hacer más en su lugar. Así pues, aquél que cumple a la perfección la voluntad divina hace infinitamente más por la felicidad de las almas. Y ese es el camino más perfecto, porque nos lo indicó el propio Jesús. Si hubiese otro, Él lo habría escogido. Él, durante treinta años, fue obediente a la Santísima Madre y a San José, y dijo que siempre cumplía la voluntad del Padre (Jn 8,29) (Conferencia de 18 de abril de 1937).

El Señor Jesús, cuando estuvo en la tierra, lo cumplió todo a la perfección. Pero no encontró nada más perfecto que ser obediente y sumiso durante treinta años (Lc 2,51) a sus propias criaturas: a San José y a la Madre de Dios. Quiso enseñarnos con ello, cuán importante y entrañable le es la obediencia (Conferencia de 31 de julio de 1937).

Procuremos dejar entrar a la Inmaculada en el alma, como lo hizo San José en Belén. Roguemos a San José que podamos consagrarnos, dedicarnos a Ella, estar dispuestos a sacrificarnos y a trabajar por la Inmaculada, como él. Oremos para que sepamos vivir para Ella como San José (Conferencia de 24 de diciembre de 1938).

El P. Maximiliano, siendo todavía el adolescente Mundek, acompañando a sus padres a la eucaristía dominical, les habría dicho: "ahora, yendo con mamá y papá a la iglesia, me parece que no son mamá y papá, sino San José y la Madre de Dios". Siendo un joven clérigo, Maximiliano anotó en sus meditaciones: San José "está por encima de todos los santos (a excepción de la Santísima Virgen María)" [...], es un "patrono poderoso".

Uno de sus hermanos reconoció: "el P. Maximiliano amaba a San José, como esposo de la Inmaculada". En el archivo del convento de Niepokalanów podemos encontrarnos con las medallas que llevaba en el cuello el P. Kolbe; una de estas medallas es una medallita con la imagen de San José. Como joven sacerdote, durante sus primeros quince meses de sacerdocio, celebró hasta 45 veces la Santa Misa en un altar dedicado a San José. En las iglesias en las que existían altares dedicados a San José, procuraba celebrar allí la Santa Misa. Lo hizo, por ejemplo, en Osaka, en Japón, el 19 de marzo de 1931, o más tarde en Poznan, el 12 de junio de 1933.

Fray Pelagio, secretario personal de San Maximiliano, recuerda así los tiempos de la Segunda Guerra Mundial: "Nuestro amado padre nos exhortaba fervientemente a la oración incesante a San José. Él mismo también le rezaba y le confiaba a San José el Convento de Niepokalanów, cuya pervivencia tanto le importaba. Procuraba también que cada miércoles se celebrara una Santa Misa votiva a San José. También nosotros, animados por las palabras y el ejemplo de nuestro padre, recurríamos a San José. Cada día, antes de empezar nuestro trabajo, le pedíamos a Él su ayuda y bendición. Desde hacía muchos años, todavía antes de la guerra, cada año antes del 19 de marzo rezábamos la novena a este Santo. Igualmente cada octubre, tras el Santo Rosario, dirigíamos nuestras súplicas ardorosas a San José".

En marzo de 1940, la gendarmería alemana dictó una instrucción para que todos los frailes que hubiesen vuelto antes de enero de 1940 abandonasen a Niepokalanów. En aquel momento se trataba de más de 400 frailes. El P. Maximiliano recomendó que cada uno orase a San José pidiendo la asistencia y ayuda en tal aprieto. Él mismo regateó con el ocupante alemán, escribió cartas, acudió a las oficinas, probando que todos los frailes vivían en Niepokalanów antes del estallido de la guerra. Finalmente, los alemanes desistieron y permitieron a los frailes quedarse dentro del recinto de Niepokalanów.

En otra ocasión, después de la muerte de San Maximiliano, la gendarmería alemana saqueó el convento y muchos frailes estaban convencidos que iban a ser fusilados. En este difícil tiempo empezaron a rezar a San José. Esta fue una intuición de uno de los frailes, que dijo que el Fundador de Niepokalanów hubiese actuado así. Pocas horas después de comenzar las oraciones por intercesión de San José, los frailes fueron liberados y la policía alemana abandonó el lugar.

Maximiliano María Kolbe les enseñaba a los frailes cuán poderoso intercesor es San José y qué culto debemos profesar a aquel a quien el mismo Dios eligió por Custodio de la Inmaculada y de su Hijo Jesús.

(traducción al castellano del artículo “SWIĘTY JÓZEF - WZÓR RYCERZA NIEPOKALANEJ” aparecido el 16.03.2018 en la página web oficial de Niepokalanów: http://niepokalanow.pl/wiadomosci/klasztor-kat/swieci-jozef-i-maksymilian/)

Frutos de santidad de la M.I.: Beato Timoteo Trojanowski

Ayer celebramos la fiesta del beato Timoteo Trojanowski, mílite de la Inmaculada y fraile conventual, hijo espiritual de San Maximiliano

En el bautismo recibió el nombre de Estanislao Antonio, que cambió por el de Timoteo al hacer la profesión religiosa. Nació en Sadlowo (Polonia) el 29 de julio de 1908, hijo de Ignacio y Francisca. Como la suya era una familia pobre, tuvo que trabajar desde pequeño, y por ello no pudo ir a la escuela más que los tres primeros cursos de la enseñanza elemental. Cuando tenía 22 años entró en el convento de franciscanos conventuales de Niepokalanow. Dos años más tarde emitía la profesión simple y el 11 de febrero de 1935 la solemne.

Se le destinó a la redacción de la revista «El Caballero de la Inmaculada» y era también enfermero de la comunidad. Declarada la guerra, tuvo la opción de irse pero prefirió permanecer con los religiosos, siete de los cuales, y él entre ellos, fueron arrestados el 14 de octubre de 1941 y llevados a Varsovia, donde fueron encarcelados. A comienzos de enero del año siguiente fue llevado al campo de concentración de Oswiecim, donde contrajo una pulmonía que le llevó a la muerte el 28 de febrero de 1942.

Religioso observante, humilde y entregado a su vocación, hombre de oración y de intensa vida interior, soportó con paciencia y fe las duras condiciones de la cárcel y del campo de concentración, que minaron su salud. Era devotísimo de la Inmaculada. El papa Juan Pablo II lo beatificó el 13 de junio de 1999.

 

Fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003

Santidad franciscana

Transcribimos el artículo de nuestro Asistente Nacional, Fr. Abel García-Cezón OFMConv, dedicado a los santos que siguieron la llamada de San Francisco de Asís (incluyendo los fundadores de la M.I.), publicado en el número de diciembre de 2017 de la revista Antena Conventual.

SANTIDAD FRANCISCANA

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Cada año, el 29 de noviembre, toda la “familia franciscana” celebra en una sola fiesta a todos sus santos y beatos. ¡Son una verdadera multitud, de toda clase y condición! De ayer (los primeros son del siglo XIII) y de hoy (los últimos son de nuestros días). Gozaban de lo pequeño, pero su corazón se alimentaba con la alegría y el amor que no pasan nunca, que no caducan. Amaban sin cálculos, dispuestos incluso a dar la vida: su secreto era que se habían abandonado como niños en las manos de Dios. Su vida “sabe a evangelio” y sus obras “desprenden el buen olor de Cristo”. Hijos y hermanos de san Francisco y santa Clara de Asís, con quienes aprendieron a ser verdaderos amigos de Dios. Algunos realizaron cosas extraordinarias. Otros no. Lo más importante es que todos hicieron de Cristo el centro de su vida, fueron artesanos de paz y bien en el ambiente (a veces nada fácil) que les tocó vivir y practicaron la misericordia con los pobres, hambrientos, sedientos, desnudos, sin techo, doloridos, etc.

            Celebramos a todos ellos el 29 de noviembre porque en ese día del año 1223, Francisco y sus primeros hermanos recibieron la aprobación definitiva de la Regla, de la “forma de vida” que abrazaron. Y que seguimos abrazando ocho siglos después, por eso cada año los frailes renovamos la profesión en el marco de esta hermosa fiesta. El pergamino original de la Regla se conserva en Asís, en la capilla de las reliquias de la basílica de san Francisco. El testimonio luminoso de tantos hermanos y hermanas nuestros nos recuerda que la santidad franciscana no es algo del pasado ni un itinerario para unos pocos ni el privilegio de una élite... Es un camino siempre abierto para quien se decida a recorrerlo, una llamada siempre nueva para quien quiera escucharla y acogerla.

            Hemos de vencer el miedo y los complejos que muchas veces nos impiden “querer” ser santos y proponer como alternativa real la vida de tantos hombres y mujeres, de los pies a la cabeza y nada ñoños (¿es san Francisco un ñoño? ¿O madre Teresa?), en los que vemos la victoria del amor sobre el egoísmo y el mal, sobre aquello que desfigura y afea la belleza de lo que realmente somos por el bautismo, sobre la “globalización de la indiferencia” (pensemos en el padre Kolbe, que dio su vida por un solo hombre y además desconocido), sobre la muerte como horizonte trágico y fatal de nuestra vida. Los santos son los verdaderos dichosos, benditos, felices, porque han acertado con el secreto de la vida al haberse “aferrado” a Cristo, el Hijo amado de Dios, amando lo que Él amó, como Él amó, a los que Él amó. ¡Así encontraron la felicidad que nadie pudo arrebatarles! En Cristo y en su evangelio está la respuesta a nuestras búsquedas: ¿A cuántas personas se lo hemos dicho? ¿A cuántos jóvenes se lo hemos hecho ver o palpar, con nuestra vida auténticamente cristiana? 

No olvidéis el amor

Transcribimos el artículo de nuestro Asistente Nacional, Fr. Abel García-Cezón OFMConv, sobre el holocausto San Maximiliano Kolbe en Auschwitz, publicado en el número de septiembre de 2017 de la revista Antena Conventual.

“NO OLVIDÉIS EL AMOR”

St. Maximilian Kolbe

Hay vidas e historias memorables a las que merece la pena volver con frecuencia, porque sugieren pequeñas o grandes victorias del amor sobre el miedo, el odio y la sinrazón cuando todo parecía perdido. Sin duda, una de ellas es la del padre Maximiliano María Kolbe, franciscano conventual polaco, fundador de la Milicia de la Inmaculada (Asociación Internacional de Fieles Católicospresente en 46 países, también en España) y de varias “Ciudades de la Inmaculada”, entre ellas Niepokalanów, cerca de Varsovia, con más de 700 frailes entregados al trabajo apostólico utilizando los medios más modernos: prensa, radio, cine… El 14 de agosto de 1941 moría en el campo de concentración de Auschwitz, donde había llegado el 28 de mayo de ese mismo año tras haber pasado varios meses entre torturas y palizas de la Gestapo en la cárcel Pawiak de Varsovia, lugar que “hacía helar la sangre”. Cuando llega al campo se le asigna el número 16.670, desempeñando, como casi todos los sacerdotes católicos, los trabajos más duros a nivel moral, como, por ejemplo, sacar los cuerpos de las cámaras de gas y llevarlos en carretillas a los hornos.

La historia es bien conocida. A finales de julio un prisionero se escapa del campo. Como represalia, el temible comandante Fritsch elige al azar diez compañeros del mismo bloque, condenándolos a morir de hambre y de sed. En medio del estupor de todos los prisioneros y hasta de los mismos nazis, el padre Maximiliano se ofrece a sustituir a uno de los condenados, el sargento polaco Francisco Gajowniczek: “Soy un sacerdote católico, estoy ya viejo. Querría ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos”. Gestos como este, según supervivientes de los campos, no abundaban.  

La caravana de la muerte se pone en marcha. El padre Maximiliano desciende con los otros nueve prisioneros al sótano del bloque 11, “la prisión dentro de la prisión”, donde se aplicaban los castigos más infames. Comienza la lenta agonía, pero esta vez algo no cuadra… En aquella celda, tal y como contaron los guardias, no se escuchaban gritos desgarradores de desesperación y de dolor como otras veces, sino cantos de alabanza, palabras de consuelo, susurros de oraciones. Entre los horrores infernales de Auschwitz, paradigma de todo sistema de desprecio y de odio hacia el hombre y hacia lo que de divino existe en él (Juan Pablo II), brilló una llama de amor, una luz de esperanza y la grandeza de una vocación que llegaba a su culmen como había nacido: bajo el cobijo de la Inmaculada Madre de Dios. Los días pasan y el padre Kolbe, a pesar de su maltrecha salud, permanece inquebrantable al pie de la cruz, junto a su querida Madre del cielo. Había llegado el momento de ceñirse la corona roja que Ella le había ofrecido siendo niño. Uno tras otro los prisioneros fallecen, consolados, abrazados y bendecidos por un santo. Finalmente, el 14 de agosto, una inyección de ácido fénico termina con su vida terrena. Al día siguiente, su cuerpo es quemado en el horno y sus cenizas esparcidas al viento. Humanamente hablando: Un rotundo fracaso, una derrota del mal sobre el bien. Sin embargo, el padre Kolbe no murió, “dio la vida por el hermano”, como afirmó el Papa san Juan Pablo II en su canonización. O en palabras de Kierkegaard, “el tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza”.

El amor vence. Vence siempre. Es así que comprendemos la muerte de san Maximiliano María Kolbe, mártir de la caridad, es decir, ¡testigo del amor más grande! “No olvidéis el amor”, había dicho a sus hermanos antes de dejar Niepokalanów camino de la prisión. Acosado, sí, pero no desesperado; perseguido, sí, pero no abandonado; derribado, sí, pero no vencido  (cf. 2Corintios 4, 7), porque entregó su vida por amor. Y “el amor es más fuerte que la muerte” (Cant 8, 6). 

"Sábado con la Inmaculada" - 17 marzo 2018

Este próximo 17 de marzo  a las 17:30 tendrá lugar en Madrid, en la Parroquia de "Ntra. Sra, del Rosario" (Plaza de los Franciscanos, 3 - Colonia Batán) un nuevo encuentro de los "Sábados con la Inmaculada" de este curso 2018, organizado por La Milicia de La Inmaculada en España.
 
Será un encuentro de oración, de la mano de María, en la que compartiremos: Alabanza, intercesión, Rezo del Rosario meditado y  Exposición del Santísimo
 
.
 
¡Atrévete a dejarte inundar de su Santo Espíritu, como María, y como Ella verás las maravillas de su Amor y proclamarás que su Misericordia es eterna! 
 
Todos los que amáis a nuestra Madre Inmaculada.
Todos los que buscáis a tientas en las sombras una respuesta que de sentido a vuestra vida.
Todos los que queréis aumentar vuestro amor al Señor Jesús, a través de su Madre.
 
Todos, seais quienes seais, estais invitados. ¡ Tu Madre te espera !. ¡ Ven !
 
 

Ejercicios espirituales cuaresmales: 9-11.03.2018

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La parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Batán (Madrid) y la Milicia de la Inmaculada invitan a los Ejercicios Espirituales cuaresmales que dirigirá el Asistente Nacional de la MI en España, Fr. Abel García-Cezon.

Los Ejercicios Espirituales se desarrollarán del viernes 9 de marzo (por la tarde) al domingo 11 de marzo de 2018 (acabando con la comida) en la Casa de Espiritualidad “Villa San Pablo” de las Hnas Cruzadas de la Iglesia (Madrid).

Inscripciones hasta el 3 de marzo de 2018: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla..

Más información: http://www.parroquiadelrosario.es/ejercicios-espirituales-2/

Lourdes: Misterio de Amor

Hoy celebrabamos la Virgen de Lourdes
 

 
Lo que acontenció en esa pequeña gruta de un recóndito y sencillo pueblo de los pirineos franceses hace ya 160 años, el 11de febrero de 1858, entre una pequeña y humilde niña y la Madre de Dios siempre excederá nuestro asombro. Lourdes siempre será un misterio.Y un misterio de Amor de Dios con los hombres.
 
Un misterio que sólo puede ser contemplado con los ojos del Evangelio "... porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla” (Mt.11,25-30). En este caso a una humilde niña de 14 años de nombre Bernadette, nuestra querida Santa Bernadette.
 
 
El cielo y la tierra se tocaron 16 veces entre nuestra pequeña Bernadette y la "Señora", como ella la llamaba. Hasta que en el último encuentro y aparición, la décimosexta; la "Señora" le desveló su nombre. El nombre que sacó a la luz el misterio insondable que desde todas las generaciones los cristianos habían creido en él, pero que sólo hasta 4 años atrás de esa 1ª aparición, se definió como dogma por Pio IX el 8 de diciembre:
 
"...declaramos, proclamamos y definimos
que la doctrina que sostiene
que la beatísima Virgen María
fue reservada inmune de toda mancha de la culpa original
en el primer instante de su concepción
por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente,
en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano,
está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..."
 
 
En ese último encuentro, el mismo dia en que celebramos la Anunciación del Señor, un 25 de marzo de 1858, la hermosa "Señora" le dijo dulcemente a Bernadette:
 
"Yo Soy La Inmaculada Concepción"
 

 
 
El misterio de Lourdes quedó desvelado y con él uno de los misterios de Amor de Dios con los hombres a través de su más hermosa y perfecta criatura: La bendita e Inmaculada Virgen María.
 
San Maximiliano Kolbe peregrinó al Santuario de Lourdes en 1930. Después de aquella visita diría: "Las palabras humanas no pueden describir a Aquella que llegó a ser verdadera Madre de Dios. A decir verdad Ella, por sí misma, es sólo una criatura, y sin embargo es un ser tan elevado por Dios que sería necesario comprender quién es Dios para comprender quién es la Madre de Dios. Ella es verdadera Madre de Dios. Es dogma de fe. Aunque la dignidad de la Maternidad divina constituya la razón principal de todos sus privilegios, la primera gracia que Ella recibió de Dios fue su Inmaculada Concepción, la exención de cualquier mancha, hasta el pecado original, desde el primer instante de su existencia. Este privilegio, además, debe serle muy grato, si Ella misma en Lourdes se llamó "Yo soy la Inmaculada Concepción" (EK 1292)
 

 
Hoy dia de la Virgen de Lourdes, y también dia del enfermo, - hermanos que sufren pegados a la Cruz de nuestro Señor -, dejémonos iluminar, para amar más a la Virgen de Lourdes, por las palabras de San Juan Pablo II, cuando ya viejo y muy enfermo visitó por última vez la gruta de Lourdes, meses antes de morir.
 
 
 
ALOCUCIÓN DEL PAPA SAN JUAN PABLO II AL INICIO DEL ROSARIO EN LA GRUTA DE LOURDES
Sábado 14 de agosto de 2004

"Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Al arrodillarme aquí, en la gruta de Massabielle, siento con emoción que he llegado a la meta de mi peregrinación. Esta gruta, donde se apareció la Virgen María, es el corazón de Lourdes. Hace pensar en la cueva del monte Horeb, donde Elías se encontró con el Señor, que le habló en el "susurro de una brisa suave" (1 R 19, 12).Aquí la Virgen invitó a Bernardita a rezar el rosario, desgranando ella misma las cuentas. Así, esta gruta se ha convertido en la cátedra de una sorprendente escuela de oración, en la que María enseña a todos a contemplar con ardiente amor el rostro de Cristo. Por eso, Lourdes es el lugar donde oran de rodillas los creyentes de Francia y de muchas otras naciones de Europa y del mundo entero.
2. Esta tarde, también nosotros, peregrinos en Lourdes, queremos recorrer de nuevo, orando juntamente con la Virgen, los "misterios" en los que Jesús se manifiesta "como luz del mundo". Recordemos su promesa: "El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12). Queremos aprender de la humilde esclava del Señor la disponibilidad dócil a la escucha y el esfuerzo generoso por acoger en nuestra vida la enseñanza de Cristo.En particular, meditando en la participación de la Madre del Señor en la misión redentora de su Hijo, os invito a orar por las vocaciones al sacerdocio y a la virginidad por el reino de Dios, a fin de que los que han sido llamados respondan con disponibilidad y perseverancia.
3. Contemplando a la santísima Virgen María, digamos con Bernardita: "Mi buena Madre, ten misericordia de mí; me entrego totalmente a ti, para que me des a tu Hijo querido, al que quiero amar con todo mi corazón. Mi buena Madre, dame un corazón que arda completamente por Jesús".
 
ORACIÓN DE SAN JUAN PABLO II AL FINAL DEL SANTO ROSARIO
¡Dios te salve, María,
mujer pobre y humilde
bendecida por el Altísimo!
Virgen de la esperanza,
profecía de los tiempos nuevos,
nos asociamos a tu cántico de alabanza
para celebrar las misericordias del Señor,
para anunciar la venida del Reino
y la liberación total del hombre.

¡Dios te salve, María,
humilde esclava del Señor,
gloriosa Madre de Cristo!
Virgen fiel,
morada santa del Verbo,
enséñanos a perseverar en la escucha de la Palabra,
y a ser dóciles a la voz del Espíritu,
atentos a sus sugerencias
en la intimidad de nuestra conciencia
y a sus manifestaciones
en los acontecimientos de la historia.

¡Dios te salve, María,
mujer de dolor,
Madre de los vivientes!
Virgen esposa al pie de la cruz,
nueva Eva,
sé nuestra guía por las sendas del mundo;
enséñanos a vivir
y a difundir el amor de Cristo;
enséñanos a estar contigo
al pie de las innumerables cruces
en las que tu Hijo se encuentra aún crucificado.

¡Dios te salve, María,
mujer de fe,
la primera de los discípulos!
Virgen, Madre de la Iglesia,
ayúdanos a dar siempre razón
de nuestra esperanza,
confiando en la bondad del hombre
y en el amor del Padre.
Enséñanos a construir el mundo desde dentro:
en la profundidad del silencio y de la oración,
en la alegría del amor fraterno,
en la fecundidad insustituible de la cruz.

Santa María, Madre de los creyentes
Nuestra Señora de Lourdes,
ruega por nosotros.

Amén.
 
¡ Virgen Inmaculada y de Lourdes y Santa Bernadette, rogad por nosotros !
 

Consagración diaria a La Inmaculada - Febrero 2018

Como cada comienzo de mes os dejamos la oración de Consagración diaria a La Inmaculada, esta vez del mes de Febrero.

La intención de la M.I. para este mes:

"Para que el ejemplo de San Maximiliano

ayude a la M. I y a cada creyente

a buscar siempre más nuevos caminos

de evangelización."