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Peregrinación a París y Lisieux

sacre coeur 2

La Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Batán (Madrid), sede de la Milicia de la Inmaculada, organiza los días 5-12 de mayo de 2018 una peregrinación a París, Chartres, Lisieux y Reims. Acompañará la peregrinación nuestro Asistente Nacional, fr. Abel García-Cezón. 

Se visitarán templos visitados por el propio San Maximiliano como Rue du Bac y Lisieux, así como otros muy representativos de la cristiandad francesa.

rue du bac 

Adjuntamos programa de la peregrinación y las informaciones necesarias para las inscripciones. 

Contacto: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

El sueño de Kolbe: la Milicia de la Inmaculada

Transcribimos el artículo de nuestro Asistente Nacional, Fr. Abel García-Cezón OFMConv, dedicado al Centenario de la Milicia de la Inmaculada, publicado en el número de septiembre de 2017 de la revista Antena Conventual.

Acta fundacional MI 1917

 

“EL SUEŇO DE KOLBE: LA MILICIA DE LA INMACULADA”

Cien años de su fundación: 1917-2017

Estamos viviendo un año de gracia y de especial ternura materna en toda la Iglesia al cumplirse el primer centenario de las apariciones de la santísima Virgen en Fátima; y también en la Milicia de la Inmaculada (MI), al cumplirse igualmente cien años de su fundación y misión. Una feliz y providencial coincidencia que sin duda alguna encierra una profecía luminosa para nuestros días. Algunos autores hablan de que la asociación mariana (la Milicia de Ia Inmaculada) representaría la “misteriosa” respuesta de Kolbe y del resto de hermanos fundadores a la petición de la Virgen en Fátima (apariciones que no conocían en ese momento). Frente a la guerra, la tiranía de las ideologías, la devastación moral y la propagación del mal (a veces bajo capa de bien), fray Maximiliano y el resto de fundadores intuyen que hay un remedio: la Inmaculada y, junto a ella, un gran movimiento eclesial de espiritualidad mariana y misionera, una “milicia”, para indicar que hay un combate que librar por el bien, por la belleza, por el amor, por la santidad. Celebrar este doble centenario mariano supone vislumbrar en nuestra vida de cada día, a veces marcada por luchas, preocupaciones y sufrimientos, un signo de esperanza cierta que sabe a victoria, a triunfo (¡no a ilusión o a quimera!), para nosotros y para nuestro mundo, tan condicionado en nuestros días por la desesperanza, el miedo y la incertidumbre: “Al final, mi corazón inmaculado triunfará” (Apariciones en Fátima). Este es un año para mirar a María y para acogerla en nuestra casa, en nuestra vida (cf. Jn 19, 27). Ella, como miembro entrañable y sublime de la Iglesia, contiene en sí misma nuestro destino. Su “sí” a Dios, en cada momento de su vida, fue en cierto modo en nombre de todos nosotros. El “sí” de Dios a ella, glorificándola y haciéndola mediadora de todas las gracias, es también un “sí” a todos nosotros: nos señala el destino que Dios ha preparado para los que lo aman (cf. 1Cor 2, 9). En palabras del padre Kolbe, “ella es la omnipotencia suplicante. Toda conversión y toda santificación es obra de la gracia y ella es la mediadora de todas las gracias”. Con toda la Iglesia también nosotros “creemos que la santísima Madre de Dios, Nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos” (Pablo VI, Credo del Pueblo de Dios). La verdadera misión de los miembros de la MI es ser humildes colaboradores en esta obra maravillosa con una vida cristiana “de altura”, con el ofrecimiento diario, con su ardor apostólico, con su caridad creativa siempre de la mano de María (“milagros de amor” los llamaba san Maximiliano). “¿Queréis ofreceros a Dios?”, pidió la Virgen a los pastorcitos de Fátima; a lo que ellos respondieron sin dudar: “Sí, queremos”.

La Milicia de la Inmaculada no es algo del pasado, como una especie de institución con regusto decimonónico que poco o nada tiene que ver con nuestra sensibilidad de hoy (pensemos, por ejemplo, en su gran vitalidad en Brasil, en USA, en Polonia, en Italia, etc.). El padre Kolbe y los fundadores de la MI, bajo la guía de la Inmaculada, supieron hablar a sus contemporáneos y hacerse comprender; supieron ser fieles a Dios y al hombre en el momento histórico que les tocó vivir. Los miembros de la MI están llamados a seguir este mismo camino, aun conscientes de las dificultades que entraña en nuestra sociedad. Por eso es importante que aprovechemos este centenario para conocer más la MI, para seguir con el proceso de revitaliación en España y dar vida a nuevas células en nuestras casas de la Provincia o fuera de ellas. En definitiva: para infundir el amor a María Inmaculada, tan propio de nuestra tradición franciscana, como nos sugiere san Maximiliano, invocando a María, aprendiendo de ella y dejando que nos guíe dócilmente por el camino de la fe, de la esperanza y del amor. “Mira a tu madre, ten los ojos fijos en ella para ser como ella, para ser ella misma quien hable, reciba, ofrezca y se done porque el hombre se convierte en lo que contempla, se convierte en lo que ama... Ella no es capaz de abandonar a ninguno de sus hijos” (cf. San Maximiliano M. Kolbe).

Formar parte de la MI por la consagración a la Inmaculada compromete más profundamente en la realidad en la que se vive. La esperanza del triunfo del corazón inmaculado de María hace vivir en la tierra con toda dedicación, entrega y solicitud, aprovechando toda circunstancia, y al mismo tiempo con una actitud de total desprendimiento, como enseñaba san Francisco a sus hermanos. El “combate por el bien” que intuyó san Maximiliano hace 100 años sigue abierto y la tarea es ingente. El padre Kolbe, desde la celda del amor de Auschwitz, nos asegura que con la Inmaculada se puede vencer la oscura fascinación del mal y vivir la plenitud de la caridad, que es lo que nos hace felices de verdad. En palabras del beato Juan Duns Escoto, franciscano escocés y gran defensor de la Inmaculada Concepción: El amor, la caridad, fue el inicio de todo, así también sólo en el amor y en la caridad estará nuestra felicidad, es decir, la vida dichosa, perfecta y eterna.

Formar parte de la MI es muy sencillo. Consiste en cuidar mucho nuestra vida espiritual: la oración personal cotidiana (ojalá con algunos ratos de meditación de la Palabra de Dios, el rezo de alguna hora litúrgica -quizás en común-, la adoración o las visitas al Santísimo...), la eucaristía diaria o frecuente, la confesión mensual, la consagración diaria, el rezo del rosario y de jaculatorias, la lectura espiritual, etc. “El único deseo de la Inmaculada es elevar el nivel de nuestra vida espiritual hasta las cimas de la santidad” (S. Maximiliano M. Kolbe); cuidar mucho a aquellos que nos han sido confiados según nuestra vocación, especialmente a nuestras familias y el mundo del trabajo. ¡No olvidemos que el ofrecimiento del padre Kolbe fue por un padre de familia y su apostolado había de llegar a todos los ámbitos de la sociedad! Cuidar los pequeños milagros de amor que pueden ir transformando el mundo entero en una enorme “Ciudad de la Inmaculada”, ¡el triunfo de su corazón!, y también las obras escondidas de compasión y de misericordia, decisivas para el día del juicio final (cf. Mt 25). Cuidar, finalmente, el apostolado, por pequeño que sea (la difusión de la medalla milagrosa, por ejemplo), nuestro grupo local de la MI o el vínculo con el centro nacional.

Soñemos también nosotros, como el padre Kolbe, con que es posible la victoria del amor, ¡una vida de belleza y santidad! Para ello, “dejemos que la Inmaculada disponga totalmente de nosotros, a fin de que en sus manos inmaculadas y misericordiosas nos convirtamos en instrumentos útiles para el bien de nuestros hermanos” (S. Maximiliano Kolbe).

ORACION DEL CENTENARIO

¡En tus manos, Virgen Inmaculada! ¡Alabanza a ti, Virgen Inmaculada! Tú has sido la luzy el alma de la Milicia de la Inmaculada en sus primeros cien años de vida. Para seguir fielmente a Cristo, como san Maximiliano Kolbe, hemos contemplado tus espléndidas virtudes. En ti hemos encontrado la fuerza para amar y hemos llevado a todas partes la caridad de tu Hijo. Tú eres también el ancla de consolación en las pruebas de nuestra vida, eres luz en nuestra obra de evangelización, eres fuerza en nuestro itinerario de fe, de unión con el Señor y de seguimiento. En tus manos ponemos, también hoy, el camino de la M.I. presente en cualquier parte del mundo, para que pueda llevar el amor del Señor a los hombres y la belleza de tu presencia premurosa y materna. Que su apostolado pueda transmitir a los hermanos la misericordia de Dios, representada también en tus tiernos cuidados hacia toda criatura. Nos dejamos conducir por ti, Madre dulcísima, seguros de que, con tu protección, viviremos según la voluntad de Dios.  El centenario de la M.I. nos lleva a ser apóstoles intrépidos del Reino  y a experimentar que tú nos sostienes en nuestra misión eclesial.

LA MILICIA DE LA INMACULADA

La Milicia de la Inmaculada es una Asociación Internacional de Fieles Católicos fundada por san Maximiliano María Kolbe y otros 6 frailes franciscanos conventuales en Roma hace 100 años. Fue concebida como un camino o escuela de santidad que busca “ganar el mundo entero y cada alma para el Corazón de Cristo”, orando, trabajando y ofreciendo la propia vida y el propio apostolado a la Inmaculada. ¿Por qué fue fundada? En 1917 la masonería festeja en Roma el segundo centenario de su fundación. Se ven por doquier banderas y pancartas que representan a san Miguel vencido y derribado por Lucifer; en la plaza de San Pedro se escucha el cántico: “¡Satán tendrá que reinar en el Vaticano, el Papa formará parte de su guardia suiza!” El joven fray Maximiliano se encuentra en ese momento estudiando en Roma. Frente a las amenazadoras demostraciones contra la Iglesia, nuestro santo se pregunta: “¿Será posible que nuestros enemigos desplieguen tantas actividades para dominarnos, mientras que nosotros nos quedamos ociosos, abocados a lo sumo a rezar, sin pasar a la acción? ¿Acaso no tenemos armas más poderosas, siendo que podemos contar con el Cielo y la Inmaculada?” Asimismo en 1917 se celebra en Roma otro aniversario, día de victoria de la Virgen: la conversión fulgurante del judío Alfonso Ratisbonne. A partir de estos hechos, san Maximiliano concibe la institución de la Militia Immaculatæ que tomará como signo de adhesión y de protección de sus “caballeros o mílites” la Medalla Milagrosa. En la noche del 16 de octubre de 1917, junto a seis hermanos, funda la Milicia de la Inmaculada. Hoy la M.I. está presente en 46 países de los 5 continentes. Cuenta con unas 500 sedes locales y unos 4.000.000 de inscritos. Hay países donde goza de mucha vitalidad, como en Polonia, Italia, Brasil, USA, Luxemburgo… Otros donde está naciendo y otros donde está renaciendo, como en España o en Inglaterra.

Fechas destacadas:

7-10-2017: Celebración del centenario de la MI en Madrid, parroquia de Ntra. Sra. del Rosario.

16/18-10-2017: Triduo celebrativo del centenario de la fundación de la MI en Roma.

Consagración diaria a la Inmaculada 2018

Adjuntamos en archivo pdf la hoja con la consagración diaria a La Inmaculada, en el espíritu kolbiano, con las intenciones de la Milicia de la Inmaculada que ha preparado el Consejo Internacional de la M.I. para cada mes de este Año del Señor 2018:

Intenciones M.I. 2018

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El camino de la M.I.: evangelización en comunión.



ENERO
Para que en todo el mundo la M.I. sea signo de unidad y de fraternidad. 

FEBRERO
Para que el ejemplo de San Maximiliano ayude a la M. I y a cada creyente a buscar siempre más nuevos caminos de evangelización. 

MARZO
Para que la M.I. actúe como una única familia en la cual reinen el amor y la alegría. 

ABRIL
Para que el espíritu misionero de la M.I. tenga una base sólida de comunión. 

MAYO
Para que el ejemplo de María ayude a cada cristiano en el seguimiento del Señor y en la evangelización. 

JUNIO
Para que en cada ambiente y en cada nación, la M.I. sepa expresar la propia vocación misionera. 

JULIO
Para quien se inspire en San Maximiliano: “siembre” en todo lugar el “amor creativo” que él ha donado. 

AGOSTO
Para que animados del ejemplo de San Maximiliano reine en cada corazón el deseo de dar todo por Cristo. 

SEPTIEMBRE
Para que, con la creatividad de Kolbe, transmitamos la fuerza del Evangelio en todo lugar. 

OCTUBRE
Para que la oración sea fuente de unidad y de misión en la M.I, y en toda la Iglesia. 

NOVIEMBRE
Para que la vida de la M.I. sea un continuo llamado a la santidad para cada hombre. 

DICIEMBRE
Para que la M.I. sepa transmitir en todo lugar la belleza y la importancia de la maternidad de María hacia cada hombre. 

Adjuntos:
Descargar este archivo (Hoja suelta_MI_2018.pdf)Consagracion diaria 2018[ ]737 kB

A 124 años del nacimiento de San Maximiliano Kolbe

Hoy hace 124 años que nació San Maximiliano María Kolbe
 
 
Nuestro santo nació en la población de en Zsdunska-Wola el 8 de enero de 1894, cuando Polonia ni siquiera existía como nación. Austria, Rusia y Alemania se repartían su territorio.

Fruto del amor de sus padres: María Dabrowska y Julio Kolbe. Ambos eran tejedores. Se casaron en 1891 y tuvieron cinco hijos varones de los que sobrevivieron tres: Francisco, Raimundo (nombre de pila del futuro padre Maximiliano) y José.

No fue fácil la vida de los Kolbe. El trabajo artesanal no podía competir con las modernas máquinas, por lo que se vieron obligados a emigrar. En el espacio de nueve años vivieron en al menos seis lugares diferentes entre Lodz y Pabianice, hasta su instalación definitiva en ésta última ciudad, cerca de una importante fábrica.
El padre montó un pequeño negocio y a ratos cultivaba un trozo de tierra arrendado. La madre trabajaba en la fábrica y en su tiempo libre reforzaba la escasa economía familiar ejerciendo como comadrona. La pobreza no les impedía conservar con dignidad su carácter de familia católica tradicional. Ellos mismos se ocuparon de la educación de los hijos con ayuda de la parroquia, donde Raimundo ayudaba como monaguillo. Las escuelas no eran obligatorias, enseñaban en ruso y eran demasiado caras para la clase obrera. Sólo en 1904 enviaron a Francisco, que ya tenía 12 años, a la escuela de la fábrica para hacer los estudios primarios, porque querían que fuese sacerdote. Al año siguiente ocupó su lugar el más pequeño, mientras el mayor pasaba a la escuela comercial de Pabianice.
 
A Raimundo le tocó quedarse en casa. Tenía diez años y era muy vivaracho y desenvuelto y algo travieso. Mientras sus padres iban al trabajo y sus hermanos al colegio, él limpiaba la casa y se ocupaba de la cocina.
 
Como todos los niños de su edad, también él se planteó el problema de su futuro: sus hermanos, al menos, estudiaban; pero él: ¿Qué podía esperarse de él? Un día su madre le regañó por algo que no hizo bien: "¿Qué va a ser de ti?", le dijo. Aquella pregunta le dolió. Su madre no hizo caso al principio, pero empezó a notar que Raimundo se acercaba con frecuencia, sin hacerse notar, a un altarito que tenían en casa, y allí rezaba llorando. Siempre se le veía serio y pensativo. Viendo aquel comportamiento tan impropio de su edad, temiendo que estuviese enfermo, le obligó por fin a decirle lo que pasaba.
 
Llorando de emoción, respondió el pequeño: "Mamá, cuando me reprendiste, le pedí mucho a la Virgen que me dijera lo que iba a ser de mí. Luego en la iglesia se lo volví a pedir. Entonces se me apareció la Virgen con dos coronas en la mano, una blanca y otra roja. Me miraba con cariño. Me preguntó si quería aquellas dos coronas. La blanca significaba que perseveraría en la pureza. La roja, que llegaría a ser mártir. Yo le respondí que las aceptaba las dos".
Este secreto, celosamente guardado durante toda su vida, revelado después de su muerte por su madre, ilumina la vocación del padre Kolbe. El doble ofrecimiento de la Virgen daba un sentido claro a su existencia, aunque eso no le resolvía demasiado las cosas. Por delante tenía un largo camino de maduración y discernimiento, no exento de peligros y de posibles equivocaciones. Solamente la presencia de María, tan familiar desde entonces, le animaría a seguirlo sin miedo.
Fuente: Biografía Fray Tomás Gálvez O.F.M.Conv.
 
 
 
El resto de su vida no por ya conocida por todos nosotros nos debe dejar de soprendernos cada dia más: su temprana vocación de entrega de su vida a Cristo, su fuego misionero y de apostolado que le llevó a fundar la Milicia de la Inmaculada, su increíble y loco amor a la Inmaculada, la entrega de su vida hasta el martirio por amor a los demás en el campo de concentración de Auschwitz.
 
San Maximiliano, padre nuestro de la Milicia de la Inmaculada; en este dia en que viniste al mundo y tu vida fue una gran luz pra los hombres de nuestro tiempo; tus hijos de la Milicia de la Inmaculada del siglo XXI, te pedimos que tu ejemplo de santidad nos ayude a llevar a todos los hombres y mujeres del mundo, el mensaje de amor que nuestra Madre Inmaculada tiene para cada uno de ellos: ¡Que son amados locamente por Dios por ser hijos suyos!
 

 
 
San Maximiliano María Kolbe, ¡ ruega por nosotros !
 
 

María, Madre de Dios

¡ Qué gózo comezar el año celebrando a María como Madre de Dios !

¡ Ella es eterna bendición de Dios para nosotros, cauce de toda la Gracia, de todas sus gracias !

¡ Feliz año 2018 !

¡ Dios nos bendice !

 

Oración a María Madre de Dios

Santa María, Madre de Dios, tú has dado al mundo la verdadera luz, Jesucristo,

tu Hijo, el Hijo de Dios. Guíanos hacia Él.

Enséñanos a amarle de verdad y a confiar en Él,

a contarle nuestros deseos y esperanzas,

nuestras alegrías y sufrimientos, nuestros errores y pecados,

y nuestra gratitud por todo lo bueno y bello,

y que de esta manera esté siempre ante nuestros ojos

como punto de referencia en nuestra vida.

Amén.

Artículo sobre el centenario de la fundación de la MI en Cristiandad

cristiandad 11.2017

El número de la revista barcelonesa Cristiandad del pasado mes de noviembre (núm. 1036), dedicado al tercer centenario de la masonería (1717), recoge un artículo de Miquel Bordas Prószynski, Presidente del Consejo Nacional de la MI, sobre la fundación de la Milicia de la Inmaculada por San Maximiliano Kolbe y sus seis compañeros clérigos franciscanos conventuales del Colegio Internacional Seráfico de Roma, con ocasión de su centenario (1917) (pp. 25-28).

Colegio

 

Adjuntamos el citado artículo en formato PDF.