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Por todo ello, los Hermanos tuvieron que organizarse,
pensar en la formación de los candidatos y crear lugares estables
de residencia: conventos. De aquí surgió el "apellido"
que se unió al nombre de los hermanos: CONVENTUALES. Veamos. En
el año 1250 el papa Inocencio IV, para facilitar el trabajo evangelizador
de los frailes, les concedió que sus iglesias conventuales (las
que estaban junto a los conventos y contaban con más de trece hermanos
a su servicio) tuviesen las mismas facilidades que las colegiatas para
sus tareas pastorales (celebración pública de los sacramentos,
predicación, recitación coral del Oficio Divino, toque de
campanas, sepultura eclesiástica, etc.). De estas iglesias conventuales,
pasó a decirse, poco a poco, que los frailes eran CONVENTUALES.
Por este motivo, el nombre de "Conventuales" hace referencia
a la capacidad de adaptación de los Hermanos Menores para hacer
llegar a cada generación el caudal de Vida que contiene el Evangelio
de Jesucristo.
Así pues, el "apellido" conventual significó
que los hermanos de San Francisco aceptaban y asumían su desarrollo,
crecimiento y transformación: de ser un grupo relativamente reducido
que podía organizar su itinerancia apostólica con cierta
facilidad, pasan a ser un enorme grupo de hermanos que necesitaba organizarse
en conventos con una estructura estable que permitiese efectuar el necesario
discernimiento vocacional de los candidatos, la imprescindible formación
para la entrega a la evangelización y las concretas tareas apostólicas.
Todo ello a pesar de que desde el principio hubo hermanos que pensaban
que toda transformación era una infidelidad al carisma. |