En un inventario de las reliquias del Sacro Convento de Asís, terminado y firmado el 15 de febrero de 1338, se recuerda un marco de madera con cristal “con la bendición que San Francisco dio a su compañero el hermano León”. En otro inventario de 1473, la bendición se halla ya en un relicario de plata: “en el que se halla el escrito de mano de San Francisco”. Actualmente se conserva en un relicario de plata del siglo XVII en la Capilla de las Reliquias de la Basílica de San Francisco en Asís. Según cuenta Tomás de Celano en su segunda Leyenda de San Francisco: “Uno de los compañeros del Santo deseaba con mucho afán tener por escrito, para que le confortase, alguna de las palabras del Señor, acompañada de una breve anotación manuscrita de San Francisco. Creía, en efecto, que con eso desaparecería una tentación molesta que lo atormentaba. Aunque se consumía en este deseo, le daba pavor descubrirlo al Santo; pero a quien no se lo manifestó el hombre, se lo reveló el Espíritu.
La bendición que escribe Francisco, poco después de la impresión de las llagas, es la bendición solemne sacerdotal del libro de los Números (cfr. Núm. 6, 24-27). La firma con la TAU, cuyo trazo vertical divide el nombre del hermano León. El hermano León anotó posteriormente en el pergamino con tinta roja: “El bienaventurado Francisco escribió de su puño esta bendición para mí, hermano León”. Y debajo del cráneo, signo del primer Adán salvado con la muerte en cruz del segundo Adán, Jesús, el hermano León apunta: “También de su puño hizo el signo TAU y la cabeza”. Valentín Redondo |
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