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El autor, miembro de una comunidad seglar de la Tercera Orden Franciscana
en Palma de Mallorca, ha seleccionado varios episodios de la vida de san
Francisco y de sus primeros compañeros, tal y como los refieren
las distintas biografías oficiales del santo escritas pocos años
después de su muerte, para ofrecer una serie de trazos o pinceladas
de la espiritualidad franciscana. Cada uno de los breves capítulos
del escrito tiene el mismo esquema, dividido en tres partes: el relato
del episodio, una cita bíblica -casi siempre evangélica-,
y una reflexión, en forma de meditación, sobre cada uno
de los temas elegidos. De este modo, por las páginas del volumen
aparecen pensamientos sencillos pero incisivos en torno a los aspectos
más genuinos de la espiritualidad franciscana, siempre tratando
de ofrecer una aplicación práctica que ayude al lector a
saber vivir la vida en la escuela de San Francisco.
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Posiblemente, ninguno de los escritos del franciscano
Éloi Leclerc supere en intensidad a "Sabiduría de un
pobre" (Marova), leído y recordado por una buena suma de lectores
a través de las doce ediciones que de él se han hecho en
nuestra lengua, pero tampoco "Exilio y ternura" (Marova) y "El
sol sale sobre Asís" se quedan a la zaga a la hora de presentar
con calidad literaria y de contenido el atractivo del mensaje y la figura
de san Francisco de Asís.
El último de los escritos combina tres elementos
en su narración, todos ellos íntimamente unidos entre sí
y relacionados mutuamente: la autobiografía (el dolor propio),
el drama de nuestro tiempo (el sufrimiento ajeno) y el encuentro con el
Pobre de Asís y su espíritu. Tal es así que la noche
de tormenta da paso al soplo de ternura o, en palabras del santo, la amargura
se convierte en dulzura, y todo por obra y gracia de la claridad del encuentro
con Francisco.
Digamos que el autor desnuda su vida y trata de penetrar
en las entrañas del corazón de Francisco de Asís,
especialmente en aquello que hay de oscuro y doloroso en cada ser humano,
pero no para quedarse en el sufrimiento sino para salir del infierno,
porque al infierno se baja pero del infierno también se sube, reconciliado
y sanado, al reconocer que "el sol sale allí donde está
nuestra esperanza".
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No estamos ante un tratado de oración según
san Francisco sino delante de un estudio sencillo pero elocuente de la
Oración por la Paz atribuida a él y que empieza con las
palabras "Señor, haz de mí un instrumento de tu paz".
Según todos los estudios, esta oración de autor anónimo
-que rezuma ecumenismo por los cuatro costados y que es rezada por fieles
de todos los credos y seguidores de todas las tradiciones espirituales-
nunca fue escrita por el Francisco de la historia pero forma parte de
la espiritualidad del Francisco de la fe. Su autoría no es literaria
sino espiritual.
Por eso, antes de indagar en el contenido del texto
-que hace a los orantes hijos de Dios, hermanos de todos y miembros de
la gran familia humana-, Boff cuenta el origen de la Oración por
la Paz, que apareció escrita por primera vez en 1913, en una revista
local de Normandía, en Francia, que citaba a su vez otra revista.
Después se difundió por todo el mundo a raíz de su
publicación el L'Osservatore Romano, el 20 de enero de 1916. Y
ocho días después fue reproducida en el diario católico
francés La Croix, en tiempos de la Primera Guerra Mundial.
La Oración por la Paz, de origen anónimo,
pasó a ser atribuida a San Francisco y, por tanto, a reconocerse
como "su" oración, cuando un franciscano seglar de Reims
(Francia) la imprimió en el reverso de una tarjeta con la imagen
de san Francisco y esta leyenda: "esta oración resume los
ideales franciscanos, a la vez que representa una respuesta a las urgencias
de nuestro tiempo". Además, el autor recuerda el marcado sabor
evangélico de la oración pues en su origen el contenido
estaba dirigido al Sagrado Corazón de Jesús, de tal manera
que devoción y espiritualidad se dan la mano.
Pero, sin duda, donde el texto es más significativo
es en la explicación de la realidad que motiva el título
de la oración (la paz), en diálogo con la visión
del llamado orden mundial, y el comentario a cada una de las intenciones
o temas de la misma, que a su vez concluye con una oración elaborada
por el autor. En definitiva, una buen escrito para una catequesis que
presente la figura de Francisco de Asís en un mundo falto de paz,
de pacificados y pacificadores.
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Ocurre, a veces, que el lenguaje de los santos se nos
queda un tanto elevado y lejano. Incluso, aunque se trate de san Francisco
de Asís -un santo para todos y un hermano universal- y de su "plantita"
Clara, también de Asís. Por eso, es bueno que los escritos
del santo (y de la santa) sean presentados y comentados con precisión
y solvencia, para que no haya excusas a la hora de enfrentarse y confrontarse
con ellos.
Esta edición de los
escritos de san Francisco y santa Clara cumplen con creces estos requisitos
básicos, y los supera, porque incluye además una relectura
de aquellos escritos originales -obra de Javier Garrido- que bien merece
un espacio para la formación permanente y un tiempo para el retiro
espiritual. De modo particular, la relectura de la regla franciscana,
la forma de vida escrita por el pobre de Asís y releída
en las coordenadas y circunstancias de hoy, de tal manera que no pierda
su fuerza originaria y su sabor evangélico.
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