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El desconcierto juvenil
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Volví a reponerme, y busqué a los
amigos y comencé a frecuentar los ambientes de antes. Intentaba
convencerme a mí mismo de que no había pasado nada. Permanecían
en mí los mismos anhelos, aunque ciertamente otra procesión
rondaba por mi interior que me obligaba a ir un poco embobado en mis pensamientos.
No sabía responder a mi inquietud interior. Reconocía que
había en mí un algo, aunque era incapaz de explicarlo y
explicármelo; un algo semejante a cuando te preguntan: "¿Qué
te sucede?", y respondes: "Nada". Un nada que no significa
nada, que no sabes explicarte, que te impide comunicarte con nadie; son
momentos en los que uno aparta la vista de los demás y se encierra
en su propio caparazón. |
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Algunos se dieron cuenta de mis miradas
lejanas, perdidas..., por ese nerviosismo que desconoces de dónde
procede y que intentas encubrir, aunque se manifieste sin saber cómo
y sin querer... Mis amigos se dieron cuenta en diversos detalles, entre
ellos porque -cuentan- perdía el paso del grupo, y estando junto
a ellos vivía ausente, teniendo que llamarme; me preguntaban inquietos
si estaba enamorado, y mi respuesta era afirmativa... Pues sí, es
cierto, me sucedía todo esto; pero era incapaz de responderles a
ellos y de responderme a mí mismo. Era esa lucha que parece venir
de un enemigo invisible. |
| Todo ello me condujo a dar una respuesta
a mi existencia; aunque la primera consecuencia fue negativa: enfrentamiento
cada vez más duro y persistente con mi padre, hasta el punto de que
tuvo que encerrarme. Y entre mi padre, que sufría lo indecible, y
yo había una tercera persona que sufría por los dos: mi madre. |
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| Después de ser encarcelado
en la prisión familiar por mi padre, habiéndose marchado en
uno de sus acostumbrados viajes, mi madre me abrió las puertas de
la libertad. Esa libertad que intenté buscar en la tienda, en la
soledad de aquella cueva que sólo conocía un amigo íntimo,
en seguir los propios planes intentando no violentar las directrices de
mis padres, los consejos de los amigos... Esa libertad que parece ser luz
y no es más que un relámpago que te ciega; y ahí, en la oscuridad, debes hallarte a ti mismo, verte, ver tus valores..., la necesidad que tienes de romper con lo que te deforma o no ayuda a formarte... Bueno, todo esto se dice así, en pocas palabras, pero el proceso fue lento y larguísimo |
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