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De nuevo en casa
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Enfermo física y moralmente, volví
a mi ciudad natal, Asís, después de pasar un año
en la cárcel de Perusa.
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Permanecí encerrado en casa
por largo tiempo, hasta reponerme casi del todo. Luego torné a las
andadas: a encontrarme con los amigos de antes, a sentarme en torno a la
buena mesa, a rondar por la noche entonando cantos de amor y de amigo, a
soñar... Y quise hacer realidad, de nuevo, el sueño de grandeza:
llegar a ser "caballero". Se me presentó una ocasión
de oro. Salía una expedición de Asís presidida por
el conde Gentile, que debía unirse en la Pulla con Gualterio de Brienne,
que dirigía las huestes pontificias, en nombre de Inocencio III,
en contra de ciertas pretensiones imperialistas. Esperaba consagrarme "caballero"
en el mismo campo de batalla. Un buen caballo bien equipado y hechos todos
los preparativos, me sumé a la comitiva del conde Gentile, que se
dirigía a Espoleto. |
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Al llegar a esta ciudad, tuvimos noticias de
la muerte de Gualterio. Debido a este contratiempo, que me truncaba las
aspiraciones del joven que llevaba dentro, junto con la fiebre que de
nuevo me acosaba, tuve que guardar reposo. Fue tiempo de reflexión,
de sueños que parecían querer dar razón a mis deseos,
aunque al mismo tiempo me inquietaban, me interrogaban.
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Sucedió lo siguiente:
uno de esos días de mucha fiebre, revuelta la mente por los anhelos
de grandeza y los obstáculos que encontraba, me detuve en sueños
en un palacio grande y lujoso, con grandes salas y pasillos, y entre estas
suntuosas paredes vi abundantes armas, selladas con la cruz, y una bellísima
esposa. Esto me sucedió varias veces. En cierta ocasión me
llamaron por mi nombre y yo dije que quería ir a la Pulla a combatir,
y me respondieron: "¿Quién puede favorecer más,
el siervo o el señor?" "El Señor", respondí
yo. Y la voz: "¿Por qué buscas entonces al siervo en
lugar de al Señor?" Y en aquel momento quedé desconcertado,
como Samuel, y dije: "¿Qué quieres que haga, Señor?"
Y él me respondió: "Vuélvete a la tierra de tu
nacimiento, porque yo haré que tu visión se cumpla espiritualmente". |
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Yo no sé si entonces entendí
algo o nada. Lo cierto es que, enfermo, volví a casa. Había
sido el punto de mira de todos los ojos de Asís en mi marcha, pero
lo era también a mi regreso, y a la admiración de entonces
se unió el cuchicheo de todos por mi poco valor, por mi flojera,
por mi poca valía...
En casa pasé mucho tiempo con ese aguijón de querer comprender
el sueño y no descifrarlo..., cargado de calentura, desencajado,
enfermo... |
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