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NACÍ CUANDO mi padre se encontraba en Francia.
No recuerdo ni el día, ni el mes, ni el año. No lo creo
importante, aunque lo es para los historiadores, que lo colocan, después
de muchas disputas, a caballo entre el 1181 y 1182. Lo importante es la
vida. Es la conversión.
Bueno, dejando a un lado las fechas, me bautizaron
pronto, como solían hacerlo por aquellos años de finales
del siglo XII, y me pusieron de nombre Juan. Juana se llamaba mi madre,
Juana Pica; san Juan Bautista es el patrón de los comerciantes
en lanas..., ¿nací el día de san Juan Bautista? En
resumidas cuentas, el nombre de pila es Juan. Sin embargo, por este nombre
nadie me conoce. Mi nombre propio hoy es un apodo: Francisco, "el
francés", aunque ya hubo gente que lo llevó antes que
yo. "El francés", ¿por el origen francés
de mi madre, según sostienen algunos?, ¿por la estima que
mi padre profesaba a Francia, de donde traía las finas telas, o
por sus ferias...? Lo cierto es que aprendí a hablar francés
y en esta lengua me hice juglar de lo humano y de lo divino.
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Acerca de mi niñez poco es lo que recuerdo.
Como hijo de Pedro de Bernardone y de la señora Pica -Juana Pica-,
que eran ricos comerciantes de Asís, fui a la escuela de la iglesia
de San Jorge. Ahí aprendí un poco de todo, hasta latín,
un latín muy sencillo, nada clásico, pero a través
del cual me pude expresar y comunicar. Mi lengua propia, en la que siempre
me comuniqué con los demás, era el dialecto umbro.
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En cuanto a mi retrato físico,
ya adulto, lo ha dejado bien delineado Tomás de Celano, mi
primer biógrafo: "De estatura mediana, tirando a pequeño;
su cabeza, de tamaño también mediano y redonda; la cara,
un poco alargada y saliente; la frente, plana y pequeña; sus
ojos eran regulares, negros y candorosos; tenía el cabello
negro; las cejas, rectas; la nariz, proporcionada, fina y recta; las
orejas, erguidas y pequeñas; las sienes, planas; su lengua
era dulce, ardorosa y aguda; su voz, vehemente, suave, clara y timbrada;
los dientes, apretados, regulares y blancos; los labios, pequeños
y finos; la barba, negra y rala; el cuello, delgado; la espalda, recta;
los brazos, cortos; las manos, delicadas; los dedos, largos; las uñas,
salientes; las piernas, delgadas; los pies, pequeños; la piel,
suave; era enjuto en carnes; vestía un hábito burdo;
dormía muy poco y era sumamente generoso" (I C. 83). |
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